El choque del portón metálico al fondo del taller resonó como una detonación. La lluvia furiosa tamborileaba sobre el techo de lámina, pero adentro el aire pesaba como plomo.Valerio cruzó el umbral.Su traje de diseñador italiano, confeccionado a la medida con las telas más finas de Milán, estaba arruinado.El barro salpicaba la basta de los pantalones y la camisa de seda azul se le pegaba al torso, transparente por la llovizna. La tela costosa, símbolo de un poder que esa noche no servía de nada, chorreaba agua negra sobre la grasa del piso.Al fondo de la nave, bajo la luz temblorosa de la bombilla amarilla, Fiorella no pestañeó. Estaba pálida, con la piel estirada sobre los pómulos y ojeras oscuras que le marcaban el rostro como cicatrices recientes.Tenía los labios secos, agrietados por el frío, y las manos sucias de hollín mientras limpiaba el engranaje de un motor sobre la mesa de trabajo.Al reconocerlo, no gritó.No apretó l
Última atualização : 2026-09-09 Ler mais