El muelle abandonado del distrito sur estaba envuelto en una oscuridad absoluta, apenas rota por las luces tenues de los contenedores oxidados y la llovizna constante que empañaba el asfalto.A las once de la noche, un sedán gris de vidrios tintados se detuvo lentamente junto a la bodega principal.Isabella y Dante observaban la escena desde las pantallas tácticas instaladas en la parte trasera de la camioneta blindada de Lorenzo, aparcada a cincuenta metros de distancia, oculta entre las sombras. A su lado, Camila Duarte temblaba convulsivamente, con las manos apretadas sobre su regazo, vistiendo el mismo abrigo arrugado con el que había llegado a la torre corporativa.—Te toca mover ficha, Camila —recordó Isabella, su voz fría y cortante como el viento de la costa, sin apartar los ojos de los monitores—. Recuerda lo que acordamos. Si titubeas, o si intentas darles una sola seña de alerta, Lorenzo y sus hombres no esperarán a que el cártel te encuentre.
Última actualización : 2026-10-21 Leer más