El espejo del vestidor le devolvía a una desconocida. O quizá, pensó Isabella, por fin le devolvía a la mujer que llevaba tres años escondida detrás de los moños tirantes y los trajes sin gracia.A las cuatro de la tarde había encontrado la tablet de Emilio sobre la mesa del desayuno, con la pantalla todavía encendida. No la había buscado. Simplemente estaba ahí, abierta, mostrando una conversación que nadie debería haber leído jamás. Isabella no gritó. No rompió nada. Leyó los cuarenta y siete mensajes de arriba abajo, memorizó fechas, cerró la tapa y subió a vestirse para la fiesta de su tercer aniversario de bodas.Ahora, seis horas después, se miraba al espejo con una calma que ella misma encontraba inquietante.Con su metro setenta y cinco, siempre había sido una mujer imponente. Durante tres años se había dedicado a disimularlo: tacones bajos para no superar a su esposo, el cabello castaño cobrizo recogido con una severidad que la hacía parecer diez años mayor, gafas de lectura d
Last Updated : 2026-08-24 Read more