El sonido de un golpe sordo contra la puerta del baño hizo que Isabella retrocediera hasta chocar contra el espejo.—Está encerrada aquí —dijo uno de los sicarios al otro lado de la madera—. ¡Abre la maldita puerta, niñata, o la echo abajo a tiros!Isabella apretó las tijeras con ambas manos, respirando agitadamente. —¡La policía ya está en camino! —gritó ella, intentando proyectar la voz firme de la Vicepresidenta, aunque le temblaba el cuerpo—. Si me tocan, Industrias Sterling los cazará hasta debajo de las piedras.Una risa áspera respondió desde el pasillo de la suite. —Tu marido te echó a la calle anoche, reina. No le importas a nadie.El sonido de una bota golpeando la cerradura resonó con violencia. La madera crujió. Un golpe más. Dos. Al tercer impacto, el marco de la puerta cedió, astillándose, y la puerta se abrió de par en par.Un hombre corpulento, con un tatuaje en el cuello y una pistola en la mano, entró al baño de mármol. Isabella no lo dudó. Impulsada por la pura deses
ปรับปรุงล่าสุด : 2026-09-23 อ่านเพิ่มเติม