Adrian bajó la página y volvió a mirar a Mireia.—Gracias —dijo por fin.Las palabras le salieron con más rigidez de la que habría querido. Lo decía en serio, pero bajo su gratitud seguía latiendo una pregunta silenciosa: ¿cómo lo había sabido? Mireia no había leído un artículo de investigación en toda su vida, y aun así había entrado en su despacho con el único documento que su empresa necesitaba.Si notó su vacilación, fingió no hacerlo. Su sonrisa se suavizó, casi tímida.—Es todo lo que quería. Odio verte así, Admie. Llevas semanas cargando con todo tú solo. —Se puso de pie y se alisó la falda—. Déjame acompañarte a casa esta noche. Te prepararé tu cena favorita. Parece que llevas días sin comer como es debido.—No.Sonó más firme de lo que pretendía, y ella parpadeó.—Quiero decir, gracias, pero prefiero estar solo. Tengo mucho que revisar.Por un instante, su sonrisa se mantuvo en su sitio. Luego se encogió de hombros, recogió el bolso y se detuvo junto a la puerta.—No trabajes
Última actualización : 2026-10-17 Leer más