Adrian no recordaba la mayor parte del trayecto hasta el apartamento de Alba. Sus manos se habían quedado aferradas al volante, y la ciudad había ido deslizándose a su lado en borrosas cintas de luz. El camino de vuelta se le hizo más largo.El vídeo le había llegado esa misma tarde, reenviado por Mateo con una sola línea: *Tienes que ver esto antes de que empeore.* En él aparecía su madre en el museo, con la boca torcida alrededor de unas palabras que jamás habría pronunciado de haber sabido que un teléfono la estaba grabando. Mireia estaba a su lado, asintiendo. Alba permanecía frente a ellas, con la espalda recta y ni un destello de reacción en el rostro. Al caer la noche, lo habían compartido miles de veces.Lo había visto tres veces en su estudio. No era la crueldad lo que se le había quedado grabado, sino la serenidad con la que Alba lo había soportado, como si lo hubiera ensayado. Supuso que así era.*Humillación pública*, pensó, apretando el volante en un semáforo en rojo. *
آخر تحديث : 2026-10-13 اقرأ المزيد