La mañana siguiente llegó con el repiqueteo de los tacones de Mireia llenando la habitación. Su risa ya había alcanzado el comedor. El personal se movía discretamente por la mansión, acomodando flores frescas, puliendo la platería y llevando un hermoso pastel de cumpleaños al invernadero. El ambiente era cálido, casi festivo. Alba estaba junto a Carmen, ajustando el último cubierto sobre la mesa. —Ya has hecho suficiente —dijo Carmen con dulzura—. Ve a descansar un rato. Alba solo negó con la cabeza. —Ya terminé —dijo, alisando el mantel distraídamente, con la mirada detenida unos segundos en las velas que esperaban junto al pastel. Veinticuatro velas, brillantes y perfectas. Por un instante, otra imagen cruzó su mente: un pequeño pastel en la oficina de investigación, Sophia haciendo que todos cantaran, y ella misma llorando por algo tan simple como que la recordaran. El recuerdo se desvaneció cuando unos pasos resonaron en el pasillo. Adrian entró llevando un regalo cuidadosa
Última actualización : 2026-07-31 Leer más