La espalda me dolía, como de costumbre. Justo encima de la cicatriz. O mejor dicho, las cicatrices. La primera, el día en que me dispararon. Los doctores tuvieron que trabajar sobre la marcha ante esa emergencia. Me estabilizaron y me cerraron, sin sacar la bala ya que estaba en una posición comprometedora. Necesitaban mi consentimiento. Tenía la opción de vivir con la bala alojada en la parte baja de mi columna, dejándome parapléjica. O, extraer la bala, corriendo el riesgo de dañar aún más la columna y convertirme en cuadrapléjica. Y aún así, decidí extraerla, con miedo y con mucho dolor. Porque a pesar del gran riesgo que representaba, también era mi única opción si quería pasar por una reconstrucción. Necesitaba esa bala afuera. Y así, un mes después, luego de muchos análisis, reuniones médicas, exámenes físicos y tener que soportar las quejas de Theodore y su familia por el estorbo en que me estaba convirtiendo, tuve mi cirugía, la cual fue un éxito. La bala salió sin dañar má
Última actualización : 2026-07-29 Leer más