No pude procesar lo que estaba ocurriendo hasta que el vestido abandonó mi cuerpo, convertido en jirones. Mis manos fueron a mis tetas, cubriéndome. Pero él las apartó con una firmeza que no admitía réplica. —No te escondas de mí —ordenó, su voz grave y severa—. Nunca. Sus dedos recorrieron mi piel con una lentitud deliberada. Comenzando por mis hombros, descendiendo por mis brazos, buscando moretones, heridas, cualquier marca que otros hubieran dejado en mí. Cada caricia era firme, posesiva, como si estuviera reclamando cada centímetro de mi cuerpo. El calor que emanaba de su tacto envolvía mi corazón, los recuerdos de sus manos sobre mi cuerpo me golpearon, como veneraba cada centímetro de mi piel al hacerme suya, como me tomaba sin contemplaciones. Me obligué a tragar saliva, apartando aquellos recuerdos que me hacían temblar. Porque ya nada volvería a ser como antes. —No tienes moretones —Sus palabras me devolvieron a la realidad. La realidad donde estaba desnuda, con un
Última actualización : 2026-08-08 Leer más