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C26: Prohibición cruel

Penulis: Liliana Gómez
last update Tanggal publikasi: 2026-07-30 10:43:16
El corazón me latía con fuerza, golpeando mis costillas sin contemplaciones.

No podía calmarme. No podía pensar nada más aparte de mi dedo presionando el botón de “avanzar“ mientras seguía al doctor. Una vez que llegamos a su consultorio, abrió la puerta, cediéndome el paso.

Ya este lugar se me hacía familiar de todas las veces que he estado aquí. Perdí la cuenta hace mucho.

—Disculpe, me gustaría hablar con mi paciente a solas —dijo el doctor.

Al girar mi rostro, noté a Maximilian ent
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    El humo era más denso ahora, y las llamas habían comenzado a salir del vestuario, lamiendo las paredes. El calor era insoportable, el sudor cubriendo mi cuerpo y cada respiración me quemaba los pulmones, me ahogaba. Pero el bastón seguía allí, tirado en el suelo, frente a la puerta que estaba ardiendo. El corazón me latía con fuerza, al punto que creí que rompería mis costillas. No lo pensé. No podía permitirme hacerlo porque entonces el miedo tomaría el control. Corrí hasta la puerta, tosiendo por la densidad del humo que entraba en mis fosas nasales. Picaba. Tomé el bastón, lista para dar marcha atrás, pero mis ojos se encontraron con el interior de la habitación en llamas. Había una luz brillante detrás de las llamas, una que resaltaba a pesar del humo. Parecía venir de la pared como si algo estuviera… ¡Haciendo cortocircuito! Me acerqué un poco más, temblando ante el sonido del fuego consumiendo todo a su paso. Hasta que lo vi, el cableado expuesto en la pared, derretido, las

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    La espalda me ardía, me quemaba. Grité, pero el sonido se perdió en el estruendo de la explosión. Las llamas salían por la puerta del vestuario, borrando el marco, consumiendo todo a su paso. El humo comenzó a llenar el pasillo, espeso, negro, asfixiante. Podía sentirlo en la garganta, en los pulmones, en cada respiración que se volvía más difícil.¿Cómo ocurrió esto?—¡Vienna! —La sacudí, aún sobre ella, protegiéndola con mi cuerpo—. ¡Vienna, tienes que levantarte!Ella tosió, sus ojos grises abiertos con horror. El polvo cubría su rostro, y un hilo de sangre le corría por la frente, donde un escombro la había alcanzado.—¿Qué… qué pasó? —Logró articular, su voz ronca. Llevó su mano a su frente lastimada. —¡No hay tiempo! ¡Tenemos que irnos! Me incorporé, ignorando el dolor punzante en mi espalda. Las llamas ya se estaban extendiendo por el techo, y el humo se volvía más denso con cada segundo. Podía escuchar el crujir de la madera, el estallido de los tubos fluorescentes que se r

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    La mañana transcurrió con normalidad.Bueno… No tan normal. El baño de mujeres tenía una larga fila desde temprano. Y al pasar frente a la puerta, pude escuchar la orquesta de gases y maldiciones. No pude evitar reirme mientras me alejaba de las tres mujeres que al finalizar el día tendrían el ano ardiendo. El resto del día transcurrió con calma, menos por el hecho de que el baño de mujeres del último piso fue clausurado una vez que las tres modelos salieron, porque la siguiente persona que pasó casi se desmayó con el putrefacto olor.No sé cómo sobrevivirían a esa vergüenza cuando todos sabían que ellas eran las causantes. Ayudé a Vienna con los vestuarios, organicé los accesorios, coordiné los horarios. Ella estaba de buen humor, tarareando una canción mientras trabajaba, gracias al cielo estaba completamente ajena a la forma en que hablaban de ella. —¿Sabes? —dijo, mientras doblabamos una esquina—. Creo que puedo lograrlo. De verdad. Si me esfuerzo, si entreno todos los días,

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    ••Narra Bianca••Llevaba días trabajando con Vienna en la agencia, y poco a poco, el lugar dejó de parecerme un laberinto de pasillos y caras desconocidas. Ya sabía dónde estaban los vestuarios, la sala de maquillaje, el área de producción. Incluso tenía mi propio rincón en el almacén, donde guardaba mi bolso y una botella de agua. Nadie parecía molestarse por mi presencia. Casi parecía una empleada, pero… no lo era. Bueno, la verdad no sé lo que era, ya que incluso me dieron una tarjeta de empleados, pero no un contrato laboral ni un puesto fijo. Por eso me encontraba tan confundida. Aunque tampoco me importaba tanto, porque estaba aquí por diversión y porque me gustaba pasar tiempo con Vienna, la cual estaba muy feliz últimamente. A pesar de los rumores que corrían sobre su enfrentamiento con Vittoli, a pesar de las miradas y los susurros, ella caminaba con la cabeza en alto, con su bastón firme y una sonrisa que no se borraba. Tenía varios meses para prepararse para el desfile. Y

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    Mi zona íntima palpitaba desesperadamente, siendo consciente de que necesitaba la atención que no me estaba dando. Maximilian me miraba con una sonrisa. Debería estar molesta con él, debería querer ahorcarlo por negarme un orgasmo. Sin embargo, esto solo causaba que mi humedad creciera entre mis piernas. Esta parte exigente, dominante, me calentaba sangre. Se arrodilló ante mí, pasando su pulgar por un hilo de su semen que había quedado en la comisura de mis labios. Lo llevó hasta mis labios y por inercia, abrí la boca, permitiéndome saborearlo. Su sonrisa perversa y complacida no abandonaba su rostro. —¿Te gustó tu castigo, pequeña? —No —Mentí, forzando a morir a las mariposas que habían bajado a mi vientre. —Tal vez así comprendas que no puedes usar ropa interior ante ningún hombre que no sea yo. Mucho menos dejar que te fotografíen de esa manera. En el futuro, cuando seas una modelo exitosa, solo tomarás trabajos para representar casas de alta costuras, marcas sofisticadas,

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    Lo obedecí. Acarició mi cabello con una de sus manos, viéndome desde su posición, admirando la forma en la que estaba ante él, de rodillas, con su pene erecto tan cerca de su cara. Tragué saliva, observando su erección. La colocó sobre mis labios, pero no me ordenó abrir la boca. Masajeó su falo perezosamente, disfrutando de la vista. —Tócate para mí —ordenó con un ronroneo. El calor cubrió mi piel, concentrándose en mi núcleo.. No necesitó decirlo dos veces. Separé mis rodillas un poco, bajando la mano por mi vientre hasta encontrar la humedad de mi vulva, pasando los dedos por los labios mayores. Al separarlos, no lo dudé. Ataqué mi clítoris, dando círculos suaves al principio, después ejerciendo más presión, en busca de más fricción. Mis caderas comenzaron a moverse por si sola, pero mis dedos no eran suficientes. Quería los suyos. La mano de Maximilian se movió más rápido sobre su pene, tan excitado como yo. Ambos necesitábamos más, pero él no lo permitiría, porque este

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