Días después, Andrea regresó a la mansión Del Castillo con el recién nacido en brazos. A pesar del rechazo de Alejandro en la clínica, ver la imponente fachada de la residencia le devolvió la confianza. Se acomodó en la recámara principal pensando que las cosas tomarían su rumbo; después de todo, el heredero ya estaba en la casa y ella seguía siendo, ante la ley, la esposa de Alejandro Del Castillo. Pensaba que todo sería maravilloso, pero la ilusión le duró solo unos minutos. La puerta de la habitación se abrió y Alejandro entró con paso firme, sosteniendo una carpeta de cuero en la mano. —Andrea —dijo él, con una voz helada que cortó el aire de la habitación—, a pesar de tus esfuerzos por detener el divorcio, ya se terminó todo. Está el acta lista para firmarla. Andrea se quedó petrificada en la orilla de la cama, apretando la cobija del bebé contra su pecho. —¿Qué? —exclamó con la voz quebrada por la indignación—. Acabo de tener a tu hijo y tú me dices eso. —Ya lo sabías,
Última actualización : 2026-09-06 Leer más