El silencio en la sala se volvió casi insoportable. Victoria miró a Alejandro sin poder salir de su asombro, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Se llevó la mano a la sien por un segundo y respiró profundo antes de hablar. —¿De qué estás hablando, Alejandro? —preguntó Victoria, con la voz apenas como un hilo, pero sin perder la compostura—. ¿Cómo que Diego no es tu hijo? ¿Cómo guardaste algo así durante todos estos años? Alejandro bajó la cabeza, agobiado por la vergüenza y el peso de su pasado. Caminó un par de pasos hacia el ventanal, asegurándose de que los muchachos siguieran afuera en la terraza, ajenos a la conversación, antes de volver a mirarla. —Cuando su madre estuvo embarazada, las cosas entre nosotros ya estaban destruidas —explicó Alejandro, con tono amargo—. Tiempo después me enteré de la verdad, pero para ese momento Diego ya me miraba a los ojos y me decía «papá». Para mí él siempre ha sido mi hijo, Victoria, con o sin mi sangre. Nunca me importó l
Last Updated : 2026-10-14 Read more