Durante el resto del día, la rutina del harén transcurrió con la misma disciplina de siempre. A la hora del almuerzo, Galilea se unió a las demás, para después dirigirse junto a ellas al amplio salón donde cada una dedicaba varias horas a enfocarse en sus habilidades.Sin embargo, quien más había cambiado aquel día era Ágata. Habitualmente recorría el salón observando el trabajo de cada una. Aquel día, en cambio, se mantuvo detenida en un mismo lugar, con la mirada perdida y el pensamiento absorbido.Parecía escuchar solo el murmullo de sus propios pensamientos. Incluso cuando algunas de las mujeres inclinaban discretamente la cabeza hacia sus compañeras para intercambiar comentarios en voz baja, no se podía saber si Ágata las ignoraba a propósito o si, sencillamente, no era consciente de aquellos cuchicheos.Finalmente la noche descendió sobre el palacio, y con ella llegó el momento en que, por orden expresa del Alfa, Galilea debía acudir sola a sus aposentos, sin la escolta habitua
Última actualización : 2026-08-19 Leer más