Cada vez que el cuero golpeaba su cuerpo, Verónica daba un violento respingo sobre el suelo y se encogía aún más, cubriéndose la cabeza con ambos brazos en un intento desesperado por amortiguar el dolor, mientras gritaba y sollozaba en el piso.Ágata ni siquiera buscaba una zona específica; simplemente descargaba el látigo una y otra vez, dejando que la rabia guiara la dirección de cada azote. Después de unos minutos, Galilea ya no lo soportaba. Se levantó de la cama de un impulso, corrió hasta Ágata y la rodeó con ambos brazos desde atrás, intentando impedir que siguiera levantando el látigo.—¡Suéltame! ¡¿Cómo te atreves a tocarme, perra?! —rugió Ágata, forcejeando con ella.—¡Por favor, señora Luna, tranquilícese! ¡Se lo suplico! ¡Ya la ha castigado suficiente! Por favor...—¡Tú no eres quién para decidir cuándo termina un castigo!—Entiendo su enojo, entiendo que ella la ha ofendido gravemente, ¡pero le ruego que se calme!Con un brusco movimiento, Ágata logró sacudírsela de enci
Última atualização : 2026-08-20 Ler mais