Floté a toda velocidad, persiguiendo los pasos firmes y decididos de Rowan con el alma encogida de pánico.Intenté aferrarme a la tela de su gabardina, traté de interponerme en su camino para cerrarle el paso, pero mis manos etéreas atravesaban su cuerpo una y otra vez como si fuera una simple sombra.Cuando Rowan pateó con violencia las pesadas puertas principales de la mansión de la Manada de la Luna Plateada, un hedor metálico y espeso impregnó el ambiente de inmediato. La escena montada en el salón principal era dantesca, grotesca y absolutamente perturbadora...Chloe, aquella supuesta omega frágil e indefensa a la que los tres machos habían tratado como a una diosa intocable yacía tirada en el suelo hecha pedazos. Su loba había sido destruida por completo, y su rostro, antes atractivo y lleno de vida, aparecía contraído en una mueca constante de agonía.A su lado, arrodillado sobre el charco escarlata, se encontraba Caleb. Mi orgulloso hermano Alfa lucía completamente desquiciado,
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