La luz del amanecer se filtraba suavemente a través de las cortinas de la mansión, tiñendo la habitación de tonos dorados y rosados. Natasha abrió los ojos lentamente, sintiendo que el cansancio le pesaba en los huesos. Había pasado la noche abrazada a Mateo, sin soltarlo ni un momento, como si temiera que, si lo soltaba, él se desmoronaría. Y quizás era verdad. Quizás, si lo soltaba, Mateo se rompería en mil pedazos.Mateo estaba despierto. Lo supo porque su respiración no era la de alguien que duerme. Era la de alguien que ha pasado la noche en vela, con los ojos abiertos y la mente en un torbellino de pensamientos. Natasha se incorporó ligeramente y lo miró. Su rostro estaba marcado por el cansancio, y sus ojos verdes, que normalmente brillaban con fuerza, ahora estaban apagados, llenos de una tristeza que le partía el alma.—Amor —dijo Natasha, con voz suave, acariciando su mejilla—. ¿Cómo te sientes?Mateo la miró, y por un momento, sus ojos se llenaron de lágrimas. Pero no lloró
Última actualización : 2026-10-01 Leer más