Mateo apareció en el vestíbulo, con una expresión seria. Sus ojos verdes, normalmente cálidos, ahora brillaban con una intensidad fría que Adam reconoció de inmediato. Era la mirada de un hombre que estaba defendiendo su territorio. Y en ese momento, Adam supo que no sería fácil.—Adam —dijo Mateo, con voz tensa—. Bienvenido.—Mateo —respondió Adam, con voz igualmente tensa—. Gracias por recibirme.Hubo un momento de silencio, cargado de tensión. Los dos hombres se miraron, midiéndose, evaluándose. Eran dos tiburones en un mismo océano, y ambos lo sabían.Pero entonces, una vocecita rompió el hielo.—¡Señor descuidado!Mati salió corriendo de la sala y se lanzó hacia Adam. Adam se agachó y lo recibió en sus brazos, sintiendo que el corazón se le llenaba de una emoción indescriptible. El niño era pequeño, cálido, lleno de vida. Y cuando sus bracitos rodearon su cuello, Adam sintió que algo en su interior se rompía y se reconstruía al mismo tiempo.—Hola, pequeño —dijo, con voz tembloro
Last Updated : 2026-09-25 Read more