—Hoy llamó la Academia Real de Hombres Lobo —comentó mi madre, Valerie, mientras cortaba su filete sin levantar la mirada—. Dijeron que se te pasó la fecha para entregar tus documentos.Tres días… Habían pasado tres días desde que me dejaron fuera del edificio principal sin poder entrar, y apenas en ese momento se le ocurría mencionarlo, como si perder la única plaza disponible en toda la región no fuera gran cosa.Dejé los cubiertos sobre la mesa y la miré.—Sí, porque mi identificación estaba bajo llave en un cajón del despacho de papá y ninguno de ustedes estaba aquí —respondí, tratando de no perder la calma.Mi madre frunció el ceño. No parecía sentirse mal por lo ocurrido. Al contrario, me miraba como si la culpa también fuera mía.—Freya, hay que ver que eres bien terca —me reprendió—. ¿No pudiste buscar alguna solución cuando encontraste la puerta cerrada? Te la pasas jugando todo el día con esas pociones locas, pero ¿ni siquiera sabes abrir una cerradura?Mientras hablaba
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