JOHANALa náusea me despertó antes del sol. Alcancé la palangana a tiempo, con el estómago convertido en un puño, y me quedé de rodillas sobre las tablas frías hasta que el mundo dejó de girar.Después bajé la escalera de caracol, agarrada a la barandilla. Necesitaba aire, aunque fuera el que olía a pescado viejo.Abrí la puerta del local y me detuve en seco.Había cinco caras pegadas al cristal sucio de la ventana. Cinco niños, con la nariz aplastada y las manos en la visera, que me observaban como a un animal exótico. Al verme, se agacharon de golpe. Uno cayó sentado en el suelo.—¡Buenos días! —dije, y salí a la calle.Se quedaron quietos, mirando mis botas. La más pequeña, una niña de trenzas deshechas, rompió el silencio.—¿Usted es la señora del cuarto de arriba?—Me llamo Elena.—¿Es verdad que sabe dibujar? Don Efrén dijo que usted traía lápices.—¿Don Efrén dijo eso?—Le dijo a mi abuela. Y mi abuela se lo dijo a todas.Contuve una sonrisa. En Brisaluz, entendí, los secretos
Última actualización : 2026-10-13 Leer más