JOHANALa carretera secundaria se desenrollaba entre campos de girasoles secos, con las cabezas gachas como si rezaran. Tomás conducía en silencio, con una mano en el volante y la otra sobre el termo. Yo viajaba en la cabina, con la gorra sobre las cejas, y solo me escondía entre las cajas en los pocos tramos de peaje.Abrí el cuaderno de dibujo sobre las rodillas porque no sabía qué hacer con las manos. Dejé que el lápiz fuera por su cuenta, sin mirar. Cuando por fin bajé los ojos, había en la hoja una mano grande, de nudillos marcados, sosteniendo una nuca. La misma mano aparecía en la página anterior, y en la otra. La había dibujado tres veces sin darme cuenta, y era la suya.Arranqué la hoja, la arrugué y la sostuve sobre la ventanilla abierta. El viento tironeó del papel. Entonces la doblé en cuatro y la deslicé en el bolsillo interior de la cubierta del cuaderno, donde nadie la vería jamás.MANUELSubí los cuatro pisos a pie, porque el ascensor del edificio de Daniela estaba dañ
Última atualização : 2026-10-10 Ler mais