La iluminación dorada de la cabina del elevador privado parpadeó con un zumbido agudo, regresando de golpe y disolviendo la penumbra que nos había servido de refugio. La luz blanca y fría del techo de acero blindado cayó sobre nosotros como un balde de agua helada, desnudando de inmediato la escena.Cuando las luces regresaron, ambos dimos un paso atrás al mismo tiempo. Rompimos el contacto físico de manera abrupta, casi violenta, como si la electricidad estática de la cabina nos hubiera quemado la piel. Manuel soltó mis caderas a regañadientes, recuperando su postura de cazador con una rapidez, mientras yo me apoyaba de espaldas contra la pared metálica, acomodándome el sastre verde oliva con manos que se negaban a permanecer firmes. Respirábamos con una agitación brutal que no tenía absolutamente nada que ver con el susto del apagón o el fallo técnico del sistema de frenos. El aire se sentía espeso, asfixiante, y el latido desbocado de mi corazón retumbaba en mis oídos, delatando qu
Última atualização : 2026-08-31 Ler mais