Víctor se desplomó junto a la cama con el vestido sucio apretado entre las manos y dejó que el remordimiento lo devorara.En ese momento, oyó que se abría la puerta principal.Levantó la cabeza de golpe, esperanzado.—¿Yolanda? ¿Eres tú? ¿Volviste?Abrió la puerta, pero al ver quiénes eran, se quedó sin palabras.Sus compañeros entraban uno tras otro, cargados con bolsas de comida.Al verlo salir, la sonrisa de Leonor, que iba al frente del grupo, se congeló por un instante.Aun así, bajo las miradas cómplices de los demás, se acercó, se aferró a su brazo y lo llevó aparte para preguntarle en voz baja:—¿No habías ido a celebrar la boda con Yolanda? ¿Por qué regresaste tan pronto?Víctor se frotó el entrecejo, exhausto, sin reparar en su incomodidad.—Yolanda desapareció. La boda se canceló.Leonor pareció alegrarse por un instante, aunque enseguida volvió a fingir preocupación.—¿Cómo pudo ocurrir algo así? ¿Yolanda sigue enojada? Todo es culpa mía. Si no hubiera ocupado su lugar como
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