Conocía aquella postura. Era la postura clásica de alguien que se odia profundamente por hacer lo que hace, pero simplemente no ve otra salida para seguir respirando.—No voy a ninguna parte con ustedes —respondí, con la voz saliendo entre dientes, mientras me posicionaba para largarme de allí en la primera oportunidad.La chica de la cola de caballo resopló fuerte, hizo un gesto irónico de despedida con la mano y se alejó pisando con fuerza por la calle, murmurando fuertes palabrotas en italiano. Pero la de cabello corto no se marchó de inmediato. Se quedó allí, vacilante, con los pies clavados en el suelo, mirándome con una inmensa tristeza.—Lo siento de verdad, chica —dijo, con la voz casi desapareciendo entre el ruido del viento. —No es algo que nos guste hacer. De verdad. Pero cuando el jefe manda... obedecemos o nos golpea hasta cansarse. Y su presión es demasiado fuerte. No tenemos elección.Me quedé mirando a la chica. La rabia instintiva que había subido dentro de mí comenz
Última actualización : 2026-09-27 Leer más