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Capítulo 2

Author: Ríoocaso
El video se cortó de golpe.

Levanté la mirada y me vi en el espejo.

El vestido de novia no me quedaba bien: en el pecho le sobraban dos dedos de holgura y me había dejado marcas rojas en la cintura. Era el modelo que le gustaba a Beatriz, y además era su talla.

Me quité el vestido. El cierre se había atascado en la espalda y me costó mucho trabajo deslizarlo hacia abajo.

De repente todo me pareció absurdo. Yo era la novia, pero no había participado en nada de la boda.

La pantalla del celular se encendió. Apareció un mensaje en el grupo familiar.

"Felicidades, Bea..."

No alcancé a leer el resto, porque el mensaje se borró inmediatamente.

Un instante después, Beatriz y Ramón me mencionaron a la vez en el chat.

Beatriz: "Aurora, lo siento mucho. Me dio un dolor de estómago de repente, Ramón y los demás me llevan al hospital".

Ramón: "Aurora, tuviste un día muy pesado. ¿Qué quieres comer? Te compro algo al volver".

Antes de que pudiera responder, Beatriz contestó por mí: "A Aurora le encanta la hamburguesería cerca de la escuela".

Ramón respondió al instante: "De acuerdo".

Pero yo ya no recordaba nada de ese lugar. Era el favorito de Beatriz, ella me había obligado a ir varias veces.

En algún momento, empezó a hacer pasar todos sus gustos por los míos. Nada de lo que respondía en mi nombre correspondía a lo que yo realmente quería.

La familia conversaba en el grupo, y los mensajes no paraban de llegar uno tras otro.

Ya me lo imaginaba: además de este grupo, habían creado otro del que yo no formaba parte. Cuando alguien escribía algo por error aquí, todos se ponían de acuerdo y mandaban montones de mensajes sin sentido para desviar la atención.

Empecé a escribir para preguntar qué significaba aquel mensaje de felicitación, pero lo borré a mitad de escribir. Las lágrimas, que ya había logrado contener, volvieron a brotar sin parar.

No lograba meterme en sus conversaciones. Incluso cuando escribía algo de vez en cuando, todos hacían como si no lo hubieran visto.

Ya había intentado reclamar antes, pero Beatriz me dijo:

—Aurora, eres demasiado callada. Escribes muy poco, realmente no nos damos cuenta.

Después me esforcé por hablar más, repetía mis palabras cuando nadie me respondía.

Pero Ramón me interrumpía frunciendo el ceño:

—Aurora, basta con decirlo una vez, lo leemos.

Claro que lo leían. Simplemente decidían ignorarme y tratarme como si fuera muda.

Todavía tenía un mensaje de una compañera de trabajo en el celular.

"Aurora, falta un intérprete de lengua de señas para el equipo que se va a Donis. ¿Te animas a ir?"

Cuando me enteré de esa asignación, pensaba hablarlo con Ramón para decidir juntos.

Pero ya no hacía falta.

Envié mi aceptación para la misión y me encerré en la habitación a empacar mis cosas. Mis pertenencias importantes ya estaban en la casa nueva; aquí solo quedaban ropas viejas que Beatriz ya no usaba.

Terminé mi equipaje y tiré toda esa ropa a la basura.

Ramón y Beatriz regresaron muy tarde. Con ellos venían mi madre, el padre de Beatriz, e incluso los padres de Ramón.

Pensaron que no estaba en casa y toda la familia se sentó en el sofá conversando.

Iba a salir, cuando escuché a Beatriz llorando desahogarse.

—Ramón, ¿qué vamos a hacer? Tú acabas de casarte con Aurora, y estoy embarazada de tu bebé...

Mi mente se quedó completamente en blanco en un instante.

Al siguiente momento, Ramón le acariciaba la espalda a Beatriz, casi envolviéndola por completo entre sus brazos.

—Primero tramitamos nuestro acta de matrimonio, después se lo explicamos a Aurora. Si se lo decimos con calma, ella lo va a entender.

Mi madre miraba el vientre de Beatriz con mirada preocupada: —No llores, Bea, lo importante es el bebé.

La madre de Ramón intervino: —Ya tuvieron la ceremonia de boda, solo falta el acta de matrimonio. Cásense así tal cual.

Mi padrastro estrechó la mano del padre de Ramón y sonrió: —Ahora sí que somos familia de verdad.

—Sí. ¡Genial!

Una frialdad se apoderó de todo mi ser.

Parpadeé para aliviar el ardor de mis ojos, y de repente lo entendí todo.

Aquel mensaje del grupo resultó ser una felicitación para mi mejor amiga, porque estaba embarazada del bebé de mi esposo.

Sabía que yo nunca iba a superar a Beatriz a la hora de ganarse el cariño de los mayores.

Pero nunca me imaginé que todos supieran lo que había entre ellos, y que solo a mí me mantuvieran al margen de todo.

Y yo, como una tonta, me dejé manipular por ellos y participé en su juego.

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