Ella lo miró, indignada, pero la pregunta se le quedó atrapada en la garganta. Herodes no parecía dispuesto a rescatarla de aquella situación. Al contrario, tenía la expresión de alguien que había descubierto una nueva afición y no pensaba renunciar a ella demasiado pronto.—Estás aprovechándote de que estamos solos —consiguió decir.—No. Estoy aprovechando que mi esposa es una mujer extraordinariamente hermosa y que, por una vez, no tengo una reunión esperando al otro lado de una puerta.El rubor de Gala se intensificó. Herodes sintió una ternura inesperada ante aquella reacción. Le gustaba la mujer que discutía con él sin temor, la que defendía sus decisiones y no aceptaba que nadie la tratara como si necesitara permiso para vivir su propia vida. Pero aquella versión de Gala, que intentaba conservar su dignidad mientras el color de sus mejillas la delataba, despertaba en él un deseo diferente, más juguetón y sorprendentemente dulce.—Eres un descarado —susurró ella.—Solo contigo, s
Terakhir Diperbarui : 2026-10-26 Baca selengkapnya