Madrid continuaba brillando bajo la oscuridad de la madrugada, mientras el vehículo avanzaba por avenidas iluminadas y calles donde todavía quedaban personas disfrutando del calor. Herodes conducía con una mano sobre el volante, elegante incluso a esas horas, mientras Gala observaba por la ventanilla los restaurantes, las terrazas y los pequeños establecimientos que permanecían abiertos.Después de tantos días rodeada de conflictos, documentos y decisiones capaces de cambiar su vida, aquella salida le permitía respirar sin sentir que debía defenderse de alguien. Sin embargo, la presencia del hombre a su lado impedía que se olvidara por completo de sí misma, porque bastaba con que él girara ligeramente el rostro para que ella volviera a reparar en sus facciones.—Podemos ir a un restaurante pequeño, si prefieres algo tranquilo, o a un club donde podamos tomar una copa y escuchar música —propuso Herodes, mirándola brevemente antes de regresar la atención a la carretera—. Aunque, conside
Last Updated : 2026-10-07 Read more