Nunca pensé que iba a caer tan bajo.Hermana Elena. Veintidós años. Novicia en la abadía de San Agustín. Había pronunciado mis votos de castidad, pobreza y obediencia con el corazón puro. O eso creía. Pero en los últimos tres meses, cada vez que la voz grave y autoritaria del padre Dominic resonaba por la capilla durante la misa, el cuerpo me traicionaba. Los pezones se me endurecían bajo el hábito y una humedad vergonzosa empapaba las bragas blancas sencillas.Esta noche, después de los rezos de medianoche, ya no pude luchar más.—Bendígame, padre, porque he pecado —susurré a través de la celosía del confesionario, la voz temblando.La silueta del padre Dominic se movió al otro lado. Incluso en la oscuridad, su presencia se sentía abrumadora: alto, de hombros anchos, con una mandíbula tallada por el pecado mismo.—Dime tus pecados, hija mía —dijo, aquella voz de barítono rico deslizándose sobre mi piel como terciopelo.—Yo… he tenido pensamientos impuros, padre. Sobre usted. —Las pal
Última atualização : 2026-09-08 Ler mais