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cap 22

Author: L. Alejandra
last update publish date: 2026-09-04 11:50:04

El calor de la habitación me envolvía como un capullo espeso, disipando la tensión acumulada de las últimas semanas. Estaba profundamente dormida en la cama de Liam, acurrucada contra su cuerpo, con su brazo pesado y protector cruzado sobre mi cintura, manteniéndome firmemente pegada a su pecho. El ritmo constante de su respiración y los latidos lentos de su corazón eran la única banda sonora en la habitación oscura, un recordatorio físico de que, a pesar de las reglas, el secreto y el miedo, e
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  • Mi Arrogante Capitan   epilogo

    Los años, cuando se miden en horas de vuelo y en latidos compartidos, tienen una extraña manera de estirarse y encogerse al mismo tiempo. A veces me parecía que había pasado una vida entera desde aquella tarde en el hospital, desde el momento en que juré que no permitiría que ningún fantasma del pasado volviera a robarnos la paz. Otras veces, bastaba con mirar de reojo hacia la mesita de noche de nuestra habitación, donde una vieja fotografía en blanco y negro descansaba junto a un marco moderno con la ecografía de nuestro primer vuelo familiar, para recordar que éramos el resultado de una promesa milagrosa.El aeropuerto de Madrid había cambiado, modernizándose con nuevas terminales y tecnología de punta, pero para nosotros seguía siendo el escenario donde nuestra verdadera historia había comenzado a tomar forma.Eran las seis de la mañana. El sol empezaba a teñir el horizonte con pinceladas de un tono ámbar y violeta, rompiendo la penumbra nocturna sobre las pistas de despegue. En l

  • Mi Arrogante Capitan   cap 33

    Las semanas que siguieron al alta médica de Mia se deslizaron como un ejercicio de alta precisión, de esos donde cada movimiento debe calcularse al milímetro para evitar una catástrofe. Volver a casa no significó el regreso inmediato a la normalidad; el apartamento aún guardaba los ecos de la tormenta, y el silencio entre nosotros solía cargarse con el peso de los fantasmas que intentábamos exorcizar. Sin embargo, cumplimos nuestra promesa. Las sesiones de terapia con el especialista en traumas y conexiones subconscientes se convirtieron en nuestro nuevo campo de entrenamiento.Al principio, era como volar a ciegas a través de una densa capa de nubes, guiados únicamente por los instrumentos de la razón y el dolor acumulado. En esas consultas, desmenuzamos el origen de mis sueños, analizando cada fragmento de la visión de Francesca y Alessandro como lo que era: un eco lejano, un eco trágico de vidas pasadas que se negaba a apagarse, pero que no tenía derecho a secuestrar nuestro presen

  • Mi Arrogante Capitan   cap 32

    El pitido constante de los monitores no era un sonido. Era un martilleo. Un pulso rítmico, metálico y ajeno que me taladraba las sienes antes de que pudiera abrir los ojos. Intenté mover los dedos de la mano derecha, pero la sensación de pesadez era absoluta, como si mis extremidades estuvieran hechas de plomo fundido. Un dolor sordo, punzante y agudo, me atravesaba la frente desde el lado izquierdo, recordándome exactamente dónde había terminado mi trayecto.El olor del lugar me golpeó antes que la luz: una mezcla asfixiante de cloro, desinfectante barato y sábanas esterilizadas. Hospital. La palabra se formó en mi mente como una sentencia.—Tranquila... no te muevas demasiado, mi amor. Estoy aquí.La voz era un susurro ronco, desgastado por horas de llanto y vigilia. Sentí una mano cálida, grande y familiar cerrarse con una desesperación contenida alrededor de mis nudillos. Liam. Al reconocer el tacto, un temblor me recorrió la columna, pero no de alivio, sino de un pánico frío que

  • Mi Arrogante Capitan   cap 31

    La sala de espera del Hospital Central se había convertido en mi hogar improvisado, un lugar donde el tiempo parecía haberse estancado en un bucle de ansiedad y silencio. Las luces fluorescentes del techo, que zumbaban con una cadencia hipnótica, se habían vuelto mis únicas compañeras durante las últimas horas, junto con el latido constante de los monitores que, a través de la puerta entreabierta de la unidad de cuidados intensivos, dictaban el ritmo de la vida de Mia.Mis compañeros de la aerolínea habían comenzado a llegar poco después del mediodía. Primero fueron los auxiliares, con sus uniformes impolutos que contrastaban dolorosamente con mi propia desaliñada apariencia; luego llegaron los pilotos, hombres y mujeres con los que había compartido cielos y tormentas, todos con miradas cargadas de una compasión que yo no quería recibir. La noticia del accidente de Mia había corrido como la pólvora por los pasillos de la empresa. Para todos, ella era la compañera ejemplar, la mujer br

  • Mi Arrogante Capitan   cap 30

    El ambiente en la terminal aérea, que normalmente me resultaba familiar y reconfortante, hoy se sentía como un escenario de pesadilla. Cada anuncio por megafonía sonaba distorsionado, cada rostro entre la multitud me parecía ajeno, carente de la única presencia que realmente importaba. Estaba en la puerta de embarque, ajustándome el uniforme, con la mente atrapada en el torbellino de la mañana: la discusión con Mia, la mención maldita de aquel nombre, Francesca, y la huida desesperada de la mujer que, a pesar de todo, era mi mundo.Habíamos acordado mantener nuestra relación en secreto, una decisión difícil que nos obligaba a actuar como simples colegas ante el resto del equipo. Pero ese pacto de silencio ocultaba algo mucho más profundo, algo que nos pertenecía solo a nosotros dos y que, hasta ese momento, no habíamos tenido la oportunidad de gritar al mundo: Mia estaba embarazada. Era nuestro pequeño secreto, una vida creciendo en el silencio de nuestras vidas, un vínculo que deberí

  • Mi Arrogante Capitan   cap 29

    El ruido constante del aeropuerto, ese hormigueo de maletas arrastradas, anuncios de embarque y despedidas apresuradas, era, por lo general, mi zona de confort. Me encantaba mi uniforme. La chaqueta impecablemente cortada, el pañuelo al cuello, la sensación de pertenecer a un mundo que nunca se detiene. Pero hoy, ese mismo entorno se sentía como una jaula. El aire, que normalmente olía a combustible de aviación y a café recién hecho, me parecía viciado, pesado.Mis pasos sobre el suelo de mármol del hall principal eran mecánicos. Mi mente, sin embargo, estaba a kilómetros de distancia, varada en la penumbra de la habitación que había dejado atrás hace apenas unas horas. Las palabras de Liam todavía resonaban en mis oídos como una sentencia: Francesca. Ese nombre me quemaba, no solo por la supuesta infidelidad emocional que aquello sugería, sino por la extraña familiaridad que me provocaba. ¿Por qué ese nombre sonaba tan antiguo, tan cargado de una melancolía que yo no debería poseer?

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