Los altares de arcilla y flores no tardaron en multiplicarse. Lo que comenzó como un culto silencioso en los caminos secundarios pronto estalló a la luz del día en una abierta peregrinación. Los humanos, desbordados por el deseo de aferrarse a algo tangible que reflejara la luz de los cielos, desataron una celebración espontánea. Banderas con cintas rojas, cánticos que resonaban en los valles y procesiones bulliciosas comenzaron a avanzar hacia los dominios del palacio, llevando en volandas figuras talladas que imitaban los rasgos severos y la imponente estampa de Oruk. Lo aclamaban no solo como al comandante de la legión, sino como al protector terrenal, al compañero sagrado de la Guía.Oruk observaba la marea humana desde los torreones con el rostro ensombrecido, sintiendo que el peso de esa idolatría no era un honor, sino una soga invisible que se cerraba lentamente alrededor de su cuello. Yo, por mi parte, contemplaba el fenómeno con una serena aceptación, entendiendo que la fe
Última actualización : 2026-10-20 Leer más