Firmaron el contrato una semana después, en una ceremonia legal tan austera que apenas merecía el nombre de ceremonia: Herrera leyó los términos en voz alta, ambos firmaron cada página con una pluma que el abogado guardaba, según dijo, "para las ocasiones importantes, aunque esta sea de las más raras que he visto en mi carrera", y quedó sellado, con firma y testigos, el acuerdo que convertiría a Elena Ferrán y Mateo Aguirre en marido y mujer ante la ley, sin que ninguno de los dos hubiera dicho todavía, en voz alta y sin ambigüedades, lo que de verdad sentía. Antes de que se fueran, Herrera pidió un momento a solas con Mateo, y Elena esperó en la antesala, revisando su teléfono sin leer realmente nada de lo que aparecía en la pantalla, mientras dentro del despacho el abogado sacaba, de un cajón cerrado con llave, un tercer sobre que no había mencionado antes. —Tu padre me dejó esto también —dijo, tendiéndoselo a Mateo—. Con instrucciones de dártelo el día de la firma, no antes. Dijo
Huling Na-update : 2026-09-14 Magbasa pa