La llamada llegó pasada la medianoche: la yegua preferida de un vecino, a punto de parir, con complicaciones que requerían atención inmediata. Elena salió de la cama a toda prisa, y se encontró con Mateo ya vestido en el pasillo, con las llaves de la camioneta en la mano. —Te llevo —dijo, sin darle opción a discutir—. A esta hora, sola, por el camino de tierra, no. No hubo tiempo para protestar ni ganas tampoco, y durante el trayecto hasta la finca del vecino, Elena repasó mentalmente el procedimiento para un parto complicado mientras Mateo conducía en silencio, concentrado en la carretera oscura, con una tensión compartida que los unía sin necesidad de palabras. El parto resultó más complicado de lo esperado: el potrillo venía mal posicionado, y Elena tuvo que trabajar con rapidez y precisión, dando instrucciones breves que Mateo seguía sin cuestionar, sosteniendo a la yegua, alcanzándole instrumentos, limpiando lo que había que limpiar sin que ella tuviera que pedírselo dos veces
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-14 Mehr lesen