El golpe en la puerta retumbó en las paredes de yeso como un disparo. Isabella sostuvo el aliento, con las tijeras quirúrgicas congeladas en la mano derecha. El metal frío de la mesa de operaciones reflejaba la luz parpadeante del tubo fluorescente, proyectando sombras largas sobre el rostro de Mateo.Él no se inmóviló. A pesar de tener el torso medio vendado y las costuras frescas amenazando con abrirse ante el menor movimiento brusco, sus ojos grises se clavaron en los de ella con una lucidez letal. No había rastro de pánico en su mirada; solo una calma helada, perfeccionada por años de coexistir con la violencia.—Escúchame con atención —susurró Mateo. Su voz era apenas un murmullo raspado, pero cargado de una autoridad implacable—. Si abres esa puerta, te matan. Si no la abres, la van a echar abajo y te matan igual.—Esta es mi clínica —articuló Isabella en un soplo, sintiendo cómo el corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas—. No pueden entrar así como así.—No tienen i
Última actualización : 2026-09-17 Leer más