El aire dentro del despacho de Fernand olía a madera de nogal, cuero caro y el perfume sutil pero inconfundible de su colonia. Eran las diez de la noche de un martes y, en lugar de estar descansando o revisando expedientes en mi casa, estaba de pie en medio de la alfombra persa, con los brazos cruzados y la mirada fija en el hombre que, sobre el papel, era mi prometido.—A ver, otra vez —dijo Fernand, aflojándose la corbata y apoyándose en el borde de su enorme escritorio de caoba—. La prensa no nos va a preguntar qué día firmamos la licitación de la obra. Nos van a preguntar dónde fue nuestra primera cita. ¿Qué vas a responder?—En un evento de gala de la Cámara de Comercio —recité con voz monótona y cara de pocos amigos—. Nos vimos al lado de la mesa de aperitivos, cruzamos miradas mientras sosteníamos dos copas de champagne caro y caímos rendidos ante el intelecto y el encanto corporativo del otro.Fernand soltó una risa seca y negó con la cabeza.—Alessia, pareces un robot program
آخر تحديث : 2026-09-24 اقرأ المزيد