홈 / Romance / Amor de una "noche" / Alessia tiene un encuentro inesperado.

공유

Alessia tiene un encuentro inesperado.

작가: Jhon W
last update 게시일: 2026-09-24 21:19:09

⸻¡No puedo creer que seré tía! ⸻Exclamó ella de manera alegre y feliz.

⸻¡Cállate! Sabes que para mí es difícil tener hijos… ¿Cómo de la noche a la mañana ya estoy embarazada? Esto es malo, necesito ir con la doctora ahora.

⸻Te acompaño, no tengo nada que hacer ⸻Dijo Lily buscando su bolso.

//

Mientras avanzaba por las calles en mi Audi no pude evitar ver mi rostro en las revistas corporativas y en los noticieros. No jodas, ya se enteraron de lo del divorcio.

Problemas de ser una figura pública en el mundo de los negocios.

Lidiaré con esto después…

Llegué al consultorio privado con la doctora y aunque no había hecho una cita previa, le mandé una foto de los resultados y de inmediato coordinó una cita conmigo.

Hicimos las evaluaciones rápidas y en menos de 30 minutos tenía el resultado:

Sí… estaba embarazada.

⸻¿Cómo? ¿Cómo fue esto posible…? ⸻Preguntó asombrada la doctora.

⸻Verá doctora, cuando un chico y una chica… ⸻Dijo Lily de manera graciosa.

Lily, das cringe.

⸻Sé cuál es el proceso. No por nada tengo doctorado ⸻Dijo la doctora de manera formal ⸻Sin embargo, ¿no estabas con tu pareja…?

⸻Sé lo que quiere decir. No, ya no soy pareja de Nashla. Por favor deseo que mantenga esto en estricta confidencialidad hasta que yo lo haga público ⸻Dije confirmándole ⸻Tuve un encuentro casual y no pensé que pasaría algo, ya que no estaba en mis días fértiles.

⸻Las cosas pueden llegar a pasar, todo es hasta un día, señorita Díaz.

Después de algunas evaluaciones y preguntas, me fui a casa.

¿Estaba preparada yo para ser madre? ¡Es lo que siempre quise en estos años! Y ahora que lo estoy… demonios. No puedo fallarle así a mi padre… ahora que la empresa está en juego y mañana tengo que luchar para que consigamos un contrato millonario para que él pueda cubrir todos los gastos médicos de su cáncer.

No pensé que todo sucedería tan… de golpe. Madre y soltera, con un tipo de quien sabe de donde rayos salió el desgraciado y en que hoyo se encuentra. Ni idea si me lo encuentro otra vez.

Me voy despejando de mis ropas hasta quedar desnuda y me miro al espejo. Estoy haciendo vida en mí, es lo que siempre quise, pero… estoy entre la espada y la pared.

Me gustaría buscar a Fernando en estos momentos y decirle que, aunque inesperado, el fruto de nuestro fuego aquel sábado ya está en camino. Puede que si decida luchar por mí siga adelante con esto. Pero si no… ya no lo tendré.

(…)

Con mareos y vómitos por delante, me fui a la oficina para luego ir con mi padre a la residencia gubernamental. Ahí están los directivos y otras constructoras deseando adquirir el puesto de ser constructores del estado; estamos hablando de muchísimo dinero en juego, el contrato que salvará la vida de mi padre.

Aún así mareada, presenté nuestra iniciativa de cómo haríamos las cosas, desglosando la viabilidad legal, las cláusulas de riesgo y la estructura financiera. Todos me miraban atentos, en especial mi padre.

Creo que el mareo me tenía viendo raro, ya que por un momento confundí al hijo del presidente con Fernando. Este también me miraba con sumo cuidado. Era extraño, pero no me quejaba.

Una vez terminé de explicar nuestra propuesta corporativa, me senté para no caerme. Me sentía muy mal. Justo se levantó a exponer otra compañía, pero el hijo del presidente se me acercó y se sentó a mi lado.

Demonios, ¿por qué justo cuando me siento mal?

⸻Veo que necesita ir al médico ¿desea que la lleve? ⸻Preguntó de manera formal.

Vaya, creo que estoy delirando mucho.

Estaba nerviosa, pero no quería mostrarlo.

⸻Estoy bien, de verdad. Solo algo cansada.

⸻Estudié medicina y sé lo que veo, necesita ir al médico. La puedo llevar.

⸻Muchas gracias, pero no ⸻Dije rechazando la oferta.

¿Se imaginan el escándalo que esto armaría? Yo, apenas recién divorciada, apareciendo al lado del hijo del presidente. Me van a crucificar en la prensa diciendo que soy una cualquiera y que debo de dar el ejemplo como abogada y ejecutiva de Forbes, no andar en escándalos de calle. Mi imagen pública me importa, no quiero echar todo a perder.

Observo bien al chico, es muy lindo. Su pelo corto, tez clara y sonrisa alegre me dan aires de Fernando, aunque no sea él. Fernando tiene el pelo un poco más largo y es más bronceado. Además, este tiene los ojos verdes, Fernando tenía los ojos más oscuros e hinoptizantes que conozco.

Ja, estoy loca si creo que este es Fernando.

⸻Por cierto, mi nombre es Fernand ⸻Dijo extendiéndome la mano de manera cortés.

Carajo, qué coincidencia.

⸻Bueno, ya sabe mi nombre, Alessia Díaz.

⸻Un gusto conocerte, Alessia. Lindo nombre.

⸻También el suyo ⸻Dije un poco nerviosa.

¿Por qué dije esa bobada? ¡No tengo 15 años!

(…)

La reunión terminó y nos llamarían en unas horas para saber quién ganó el puesto. Nos despedimos del presidente y de inmediato me fui al hospital; necesito buscar los medicamentos restantes para combatir estas náuseas fuertes, de manera que pueda aguantar hasta encontrar a Fernando, para saber qué puedo hacer con el bebé.

Ya en el ascensor, estando sola, mis hormonas estaban a flor de piel y lágrimas salieron. ¿Qué se supone que demonios tengo que hacer ahora? ¿Por qué me pasó esto ahora? ¡Por qué!

Me odio tanto, ni siquiera puedo tomar una decisión coherente ahora mismo.

Entró una segunda persona y me sequé las lágrimas rápidamente; acomodé los análisis de la clínica, pero fue inevitable, se me cayeron al suelo. La otra persona los recogió. Miré bien y, sin esperarlo, me di cuenta de que era el hijo del presidente.

⸻¡Fernand, qué haces aquí! ⸻Exclamé asustada ⸻¡No sabes en qué líos me estás metiendo ahora!

⸻Vine a ver a mi madre, anda de consulta y no esperaba encontrarnos juntos en este lugar.

⸻Ja, el mundo es muy pequeño ⸻Dije mirando claramente que está mintiendo.

Es un acosador de m****a.

Recibí una llamada en este momento. La contesté, pero no sabía quién era.

⸻Señorita Díaz, le informamos que su proyecto no pudo ser aprobado. ¿Le puede hacer llegar esta información a su padre?

⸻Oh… sí, claro, está bien ⸻Dije tratando de asimilar lo que acabo de escuchar.

No me jodas…

No…

Papá estará muy decepcionado de mí cuando le diga esto… y no habrá dinero para su tratamiento.

⸻¿Estás bien? Tu cara palideció al terminar la llamada.

⸻Sí… me acaban de decir que mi proyecto no fue aprobado.

⸻¿Y qué pasa con eso?

⸻Muchas cosas, pero por el momento no tengo cabeza para pensar en todo esto.

Él me miraba fijamente, en especial miraba los papeles médicos que tenía a mano. Se los quité y ya el ascensor se detuvo en su destino.

⸻Necesito que en media hora venga a esta dirección que le diré. Por favor no se quede, será para el beneficio de ambos ⸻Dijo pasándome un pequeño papel.

Ahí había una dirección que no conocía.

⸻Apenas nos conocemos, ¿por qué hace todo esto? ⸻Pregunté curiosa.

⸻Si desea se puede ir conmigo en el carro. No muerdo, tampoco la secuestraré. Ahora que lo pienso no tengo nada que hacer en esta media hora, por favor acompáñeme, necesito hablar con usted seriamente.

Yo tampoco tengo nada que hacer, pero esto es demasiado extraño. ¡Es el hijo del fucking presidente del país!

//

Estábamos en el estacionamiento privado, no había casi personas.

⸻No tengas miedo. De verdad, confía en mí.

⸻No puedo confiar en extraños. ⸻Repliqué

⸻No te vas a arrepentir, te lo prometo.

Estaba pensativa ante todo esto. ¿Por qué él está así conmigo?

Creo que, por la debilidad del momento, accedí a irme con él. Estábamos callados en todo el viaje; él estaba muy pensativo, tal vez buscando las palabras correctas para hablar.

Llegamos a lo que sería la parte trasera de un local de bebidas. No me jodas.

⸻¿Dónde estamos? ⸻Pregunté alarmada.

⸻En este lugar no nos van a reconocer fácil, solo pensarán que son dos personas que vinieron a pasarlo bien.

⸻No seas asqueroso ⸻Le reproché.

⸻Me dejaré de bromas. Ahora te diré por qué todo el misterio.

Él se quitó el cinturón de seguridad y me miró frente a frente.

⸻Ya sé que no tienen dinero suficiente y bueno, ahora más que nunca necesitan dinero, porque estás embarazada ⸻Dijo él directo al grano.

⸻¿Cómo sabes? ⸻Pregunté horrorizada.

⸻Tus papeles, además estudié medicina, te dije. Ya sé identificar todos estos síntomas. Pero no vengo a reprocharte esto, vengo a hacer un trato contigo.

⸻Me hablas como si me conocieras. ¡Yo no te conozco! Ni siquiera debería estar hablando contigo ⸻Dije ya cansada de esto, dispuesta a salir del auto para echarme a correr.

⸻Te ofrezco la oportunidad de tu vida: les voy a financiar su proyecto y haré que mi padre los contrate, además de darte una imagen de más poder solo si accedes a algo ⸻Con esto me detuvo.

Carajo… mi padre aún no sabe que le rechazaron el proyecto. Sí necesitamos el dinero, pero ¿debería acceder a lo que diga este loco?

⸻¿A qué? ⸻Le pregunté curiosa.

⸻¿Accedes a fingir que eres mi novia y futura esposa? ⸻Preguntó de manera seria.

Por la impresión de la pregunta, empecé a tener arcadas e inevitablemente salí del auto a vomitar.

이 작품을 무료로 읽으실 수 있습니다
QR 코드를 스캔하여 앱을 다운로드하세요

최신 챕터

  • Amor de una "noche"   El fin

    El dieciséis de agosto, a las dos y cuarto de la tarde, las veintiún salvas de cañón disparadas desde la Fortaleza Ozama no anunciaban el inicio de un reinado, sino la consumación de una promesa sagrada.En la escalinata del Congreso Nacional, bajo un sol caribeño que derramaba oro líquido sobre el mármol, Fernand había descendido los treinta y seis peldaños sin la banda tricolor sobre el pecho. Se la había entregado, con sus propias manos y una reverencia humilde, al nuevo mandatario electo por las urnas libres, sellando de manera definitiva la cláusula pétrea que prohibía toda reelección. Cuando el vehículo civil —un modesto todoterreno oscuro, sin sirenas ni escoltas militares— arrancó rumbo a la Ciudad Colonial, la ovación que despidió al médico y a la abogada no fue el grito servil hacia el poder que manda, sino el agradecimiento emocionado y sincero hacia quienes supieron marcharse con las manos limpias.Al cruzar el zaguán de la casona, el silencio doméstico nos acogió como un

  • Amor de una "noche"   Traspaso presidencial

    Capítulo 71: La balanza de mayo y el silencio de las carretillasEl reloj de péndulo del Salón del Consejo de Gobierno marcó las cuatro de la tarde con una cadencia metálica y regular que llenó la estancia.A través de las ventanas de guillotina que dominaban los jardines del Palacio Nacional, la luz de principios de mayo caía dorada y serena sobre las verjas perimetrales. En las calles de Santo Domingo, la contienda electoral para elegir al próximo Presidente de la República transitaba por su última semana hábil; sin embargo, en los pasillos de mármol del recinto de gobierno no se escuchaba el murmullo febril de las maquinarias partidistas ni se veían camiones descargando cajas de comida rápida o electrodomésticos con logotipos de campaña.Por primera vez en la historia contemporánea de la nación, el Estado no era un comando de campaña ni el presupuesto general una chequera al servicio de un delfín oficialista.En la mesa ovalada de caoba, Fernand presidía la última sesión de cierre

  • Amor de una "noche"   Cerca de pasar el manto

    El 27 de febrero amaneció sobre Santo Domingo con una claridad límpida, barrida por los alisios del este que agitaban con vigor las banderas tricolores apostadas a lo largo de la avenida George Washington y la calzada del Centro de los Héroes.Se cumplían con exactitud dos años desde aquella juramentación urgente en que Fernand había asumido el timón de una República herida de muerte por el saqueo corporativo y la sedición militar. Pero el ambiente en los alrededores del Palacio del Congreso no guardaba la atmósfera de zozobra armada ni el recelo de antaño; era la solemnidad madura y serena de un país que había aprendido a respirar bajo el amparo de la legalidad estricta.En el salón privado de la Presidencia de la Asamblea Nacional, Fernand ajustaba el nudo de su corbata negra sobre la camisa blanca almidonada.Llevaba el traje blanco de hilo impecable que la tradición republicana exigía para la fiesta de la Independencia, cruzado sobre el pecho por la banda tricolor con el escudo bo

  • Amor de una "noche"   Nuestro matrimonio

    La campana de la iglesia de San Lázaro dio las once de la noche con un tañido pausado que se diluyó sobre los tejados de barro de la Ciudad Colonial.En el patio interior de la casona, la brisa marina agitaba las ramas de los jazmines trepadores, esparciendo una fragancia dulce y húmeda que borraba el olor a tinta oficial, a expedientes judiciales y al asfalto de las autopistas. Los adoquines centenarios, bañados por la luz dorada y tenue de dos faroles de hierro forjado, guardaban el frescor de la noche.Hacía apenas dos horas que la comitiva de seguridad civil había despejado la calle tras la promulgación del decreto de aduanas. Por primera vez en meses, el silencio de la casa no era una tregua armada ni la antesala de un allanamiento; era un remanso doméstico ganado palmo a palmo contra el asedio.En la planta alta, en la habitación esquinera que daba hacia los arcos del jardín, la luz de una lámpara con pantalla de lino teñía de ámbar la cuna de caoba maciza.Guillermo Fernando, a

  • Amor de una "noche"   Juicio final

    A las siete y cuarto de la mañana, la pista de aterrizaje de la Base Aérea de San Isidro olía a combustible JP-8 calcinado y a rocío evaporado por el sol implacable del este.El avión de transporte bimotor C-212 Aviocar del Escuadrón de Rescate y Transporte rodó hacia el extremo norte de la rampa de operaciones, escoltado a baja velocidad por dos blindados ligeros de la Policía Judicial. El sonido agudo de los turbohélices fue decayendo hasta extinguirse en un silbido metálico. Cuando la rampa trasera del fuselaje comenzó a descender con el crujido hidráulico habitual, no había fanfarrias de Estado Mayor ni oficiales con cordones de gala formados para rendir honores a un antiguo comandante general.Al pie de la escalerilla aguardaba un cordón de veinticuatro agentes civiles de la Unidad de Traslado de Alto Riesgo, desprovistos de insignias castrenses y portando chalecos tácticos con el escudo dorado del Poder Judicial.Héctor Morillo bajó la rampa con la pesadez de un fardo derrotado.

  • Amor de una "noche"   El último que queda

    A las tres de la madrugada, la ribera del río Masacre en el paso fronterizo de Dajabón guardaba un silencio espeso, cargado por el olor a fango estancado, maleza tropical y gasóleo quemado.Una llovizna fría y constante empañaba los parabrisas de dos camiones de transporte de ganado estacionados en una trocha clandestina, a escasos doscientos metros del hito divisorio internacional número veintiocho. No había reflectores de los puestos de aduana ni ladridos de perros en los corrales cercanos: la zona había sido desalojada discretamente por la nueva Dirección de Inteligencia Civil y Seguridad Soberana, el organismo desmilitarizado que Alessia había diseñado en el marco de la reforma penal y que Fernand había puesto en funcionamiento tres meses atrás.En la cabina del primer camión, sentado sobre el asiento de vinilo desgarrado, aguardaba el general retirado Héctor Morillo.El antiguo jefe del Estado Mayor Conjunto y comandante del frente militar del régimen dinástico ya no vestía el un

더보기
좋은 소설을 무료로 찾아 읽어보세요
GoodNovel 앱에서 수많은 인기 소설을 무료로 즐기세요! 마음에 드는 작품을 다운로드하고, 언제 어디서나 편하게 읽을 수 있습니다
앱에서 작품을 무료로 읽어보세요
앱에서 읽으려면 QR 코드를 스캔하세요.
DMCA.com Protection Status