Cuando el coche cruzó la verja de la mansión, había dos patrullas en el jardín, con las luces azules girando contra los ventanales.A su espalda, al otro lado de la verja, media docena de periodistas gritaban preguntas y levantaban cámaras hacia las ventanillas.—Quédese en el coche —dijo Damián.—Ni lo sueñe.Valeria bajó antes de que él pudiera detenerla. En lo alto de la escalinata, con el bastón de ébano y el vestido gris, Doña Consuelo bloqueaba la entrada como una estatua. Dos agentes uniformados y un funcionario de la fiscalía, con un maletín, esperaban unos escalones más abajo.—Nadie entra en esta casa sin una orden judicial —decía Doña Consuelo, con la voz helada—. Y la que traen ustedes no autoriza registro alguno. Ya se lo pregunté a mi abogada.—Señora, solo venimos a notificar —respondió el funcionario, incómodo—. La señora Valeria Ferrer debe presentarse mañana a las nueve, ante la fiscalía, para declarar como investiga
Last Updated : 2026-10-02 Read more