A las siete de la mañana, Valeria bajó al comedor con el cabello todavía húmedo y unas ojeras que ningún maquillaje iba a disimular. Había dormido tres horas, en una cama enorme, escuchando cada crujido de la casa y preguntándose quién habría forzado un cajón.El comedor daba al jardín, donde un jardinero podaba los setos con una paciencia de siglos. Sobre la mesa larga esperaban el pan tostado, las frutas y el café. En un extremo, subida a una silla alta con un cojín, Lía movía las piernas colgantes. A su lado, la niñera, Rosa, una mujer de mejillas redondas y delantal blanco, le cortaba la fruta en cuadritos.—Buenos días, Lía —dijo Valeria, sentándose frente a ella sin apresurarse.La niña la miró por encima de las orejas de Nube. Se metió un trozo de fresa en la boca y masticó con mucha seriedad. Después señaló la cesta del pan.—Más pan —dijo, con voz de hilo.Rosa dejó el cuchillo sobre el plato con muchísimo cuidado, como si cualquier ruido pudiera romper un hechizo. Los ojos s
Huling Na-update : 2026-09-27 Magbasa pa