El sábado amaneció despejado, sin una sola nube sobre la ciudad. Damián propuso algo que ninguno de los dos había hecho desde la boda: salir de la mansión sin agenda, sin cámaras y sin consejo esperando al otro lado de una puerta.—Lía necesita un día normal —dijo, mientras Rosa le abrochaba a la niña un abrigo azul—. Y nosotros también.Fueron al parque junto al río, el mismo que se veía en miniatura desde la ventana del despacho de Torre Ferrer, pero que ninguno de los dos había pisado en años. Lía corrió hacia los columpios sin mirar atrás, con Nube asomando por la cremallera de su mochila.—Empújame más alto —pidió, con las trenzas volando hacia atrás, y Damián obedeció con un cuidado casi cómico, como si temiera romperla.Valeria se sentó en un banco cercano de madera pintada de verde, con un café que se enfriaba entre las manos, y los observó largo rato, sin prisa por hacer ninguna otra cosa. Había algo casi doloroso en la escena: un hombre
Last Updated : 2026-10-10 Read more