Ese mismo día, durante la cena, el ambiente era extraño. Nathaniel y Evelina mantenían su actitud habitual: ella solo miraba su plato, mientras él le dirigía miradas rencorosas. El duque los observaba a los dos con ojos calculadores.Aurelia, en cambio, mantenía un silencio poco común en ella, con la mirada fija en su plato. Celia y Lydia, ajenas a su alrededor, hablaban animadamente sobre cosas triviales.Al terminar la cena, mientras los comensales se retiraban en silencio, como era costumbre en la mansión, el duque se apartó del resto y caminó hacia Isolda. Ella lo reconoció de inmediato por la rigidez de sus pasos; cuando la buscaba al término de la cena, nunca era por cortesía.—Debo partir a Londres esta misma noche —anunció, sin rodeos.Isolda, que aún estaba de pie junto a la mesa, giró lentamente hacia él. Su rostro se mantuvo sereno, aunque en su interior la sorpresa le heló la sangre.—¿A Londres? ¿Tan pronto? —preguntó, como si aquello fuese apenas un
Última atualização : 2026-10-08 Ler mais