La sala de diario estaba silenciosa, iluminada por la luz que entraba a raudales por los ventanales abiertos. Evelina se hallaba sentada junto a una mesa baja, bordando con paciencia forzada. Margaret, fiel a su costumbre desde que el duque había regresado, permanecía en la misma estancia, acomodada en una silla algo apartada, leyendo un libro con los ojos atentos a cada movimiento, aunque fingiera lo contrario. El sonido de pasos firmes sobre el suelo de madera la sacó de su concentración. Evelina levantó apenas la vista, lo suficiente para ver al duque detenerse en el umbral. Su porte imponente llenaba el espacio como si de repente el aire se volviera más pesado. —Buenos días, Evelina —saludó con tono cortés, aunque había un brillo perverso en su mirada—. ¿Puedo acompañarte un momento? —Por supuesto, mi lord —respondió ella con voz baja, casi temblorosa, interpretando su papel a la perfección. El duque se sentó frente a ella, demasiado cerca
Dernière mise à jour : 2026-10-03 Read More