La luz del alba se colaba tímidamente entre las cortinas pesadas, iluminando de forma suave la estancia. Evelina despertó con una sensación extraña, como si estuviera viviendo un sueño del que no quería salir. El calor del cuerpo de Nathaniel la envolvía, y por primera vez desde su llegada a la mansión no pensaba en el duque, en las amenazas, ni en su futuro incierto. Solo podía revivir en su memoria las caricias, los besos y la intensidad con que la noche anterior había sido marcada para siempre.Recordó las advertencias escuchadas desde niña, aquellas voces que repetían que el deber de una esposa era soportar el dolor, callar y dejar que su marido se desahogara en ella. Sin embargo, lo que había experimentado estaba muy lejos de aquello. No había sido resignación, sino fuego. No había sido tortura, sino placer. Ese descubrimiento la mantenía incrédula, con una sonrisa apenas contenida en los labios.—Buenos días, esposa —murmuró una voz grave junto a su oído.Evelina se estremeció.
Dernière mise à jour : 2026-09-27 Read More