Mi alma flotaba en el aire, observando lo que ocurría en el pasillo. Cubrieron mi cuerpo con una sábana blanca y sacaron la camilla del quirófano para llevarme a la morgue.Al oír al médico, mi mamá se desmayó en el acto. Mi papá la sostuvo, desesperado, y acabó sentado con ella en el piso de baldosas.Miró sus manos y, de pronto, empezó a darse bofetadas como un loco.—¡Debí tocar su puerta! ¿Por qué no fui a tocar esa puerta?A Iván le fallaron las piernas y cayó de rodillas. Le zumbaba la cabeza.—No puede ser… ¿Cómo pudo morir?Corrió hacia la camilla y levantó de golpe la sábana blanca. Debajo estaba mi rostro, sin una gota de color.Iván siempre me reprochaba que tuviera cara de muerta. Ahora que me veía así, temblaba de miedo.—¿Murió? ¿Así nada más?En medio de aquel silencio, Brenda se acercó entre suaves sollozos, con lágrimas en las mejillas. Se agachó y estiró las manos para ayudar a mi papá a levantarse. Su voz sonó frágil y lastimera.—Papá, mamá, Iván… No estén tan trist
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