LOGINDesde ese día, mi mamá parecía estar en otro mundo. Hiciera lo que hiciera, tenía que llevar mis cenizas consigo. Dormía abrazada a la urna y, a la hora de comer, colocaba un plato y cubiertos frente a ella.Durante una comida, sirvió con cuidado un gran trozo de asado en mi plato.—Gloria, lo preparé yo. Pruébalo, a ver si te gusta.Mi alma flotaba sobre la mesa. Miré aquel trozo grasoso de carne y murmuré:—Siempre tuve el estómago delicado. La comida tan grasosa me caía mal.En cuanto lo dije, mi mamá se quedó rígida por un instante. Como si hubiera oído algo, tomó el tenedor, retiró la carne y la tiró a la basura. Después, entre lágrimas, puso en el plato frente a la urna algunas de las verduras que había en la mesa.—Sí, sí, nada de grasa. Te lo cambio.Mi papá estaba a un lado. Se cubrió la cara de dolor al ver a su esposa convertida en una sombra de sí misma. No se atrevía a decirle que parara.Unos días después, incapaz de seguir viéndola así, aprovechó que ella se estaba bañan
De pronto, descubrí que Brenda me inspiraba cierta admiración. Era malvada, pero veía las cosas con claridad. Y me entendía muy bien.Sus palabras dejaron a toda la familia sin respuesta.Mi mamá avanzó de rodillas hasta la camilla y, con las manos temblorosas, me apartó el cabello. Al ver mi cara, desfigurada por los golpes de los escombros, su expresión se fue apagando.—Sí… Todo fue culpa mía.Mi papá se desplomó en el suelo y se cubrió la cara, llorando desconsoladamente.—Cuando Gloria hablaba de morirse, creí que estaba bromeando. Yo no quería que muriera. ¿Cómo pudo pasar esto?Iván se había quedado sin excusas. Humillado y furioso, se lanzó sobre Brenda con un rugido, la tiró al suelo de un puñetazo y se sentó sobre ella, abofeteándola sin parar.—¡Fuiste tú! ¡Tú, maldita perra!Los dos se pelearon a golpes en el pasillo del hospital.—¿Y tú no eres cruel? ¡Lo que hiciste fue todavía más asqueroso! —le gritó Brenda.—¡Basta!El grito de mi mamá detuvo la pelea. Iván se apartó d
Brenda se debatía desesperadamente, con el rostro enrojecido y los pies en el aire. Miraba a Iván, atónita: él, quien más la había consentido, estaba revelándolo todo delante de la familia.—¿Qué… estás diciendo…?—¿Lo sabías?Mi papá se puso de pie. Le temblaba la voz.—¿Qué acabas de decir? ¡Repítelo! ¿Sabías que había sellado la caja y aun así la encubriste?Mi mamá se apoyó en la pared y miró la camilla mientras las lágrimas le caían sin parar.Me habían prometido un hogar seguro y habían jurado protegerme aunque el mundo se viniera abajo. Sin embargo, yo había terminado durmiendo en un conducto, en el invernadero y debajo de una cama.—Gloria decía la verdad… Y yo no quise escucharla…Mi mamá se volvió hacia Brenda, mordiéndose los labios hasta casi hacerse sangrar. Quiso lanzarse sobre ella y hacerla pedazos. Pero, cuando ya tenía la mano levantada, se dio una fuerte bofetada a sí misma.Mi papá, en cambio, le dio una bofetada a Brenda.—¿Cómo puedes ser tan cruel? ¡Con todas tus
Mi alma flotaba en el aire, observando lo que ocurría en el pasillo. Cubrieron mi cuerpo con una sábana blanca y sacaron la camilla del quirófano para llevarme a la morgue.Al oír al médico, mi mamá se desmayó en el acto. Mi papá la sostuvo, desesperado, y acabó sentado con ella en el piso de baldosas.Miró sus manos y, de pronto, empezó a darse bofetadas como un loco.—¡Debí tocar su puerta! ¿Por qué no fui a tocar esa puerta?A Iván le fallaron las piernas y cayó de rodillas. Le zumbaba la cabeza.—No puede ser… ¿Cómo pudo morir?Corrió hacia la camilla y levantó de golpe la sábana blanca. Debajo estaba mi rostro, sin una gota de color.Iván siempre me reprochaba que tuviera cara de muerta. Ahora que me veía así, temblaba de miedo.—¿Murió? ¿Así nada más?En medio de aquel silencio, Brenda se acercó entre suaves sollozos, con lágrimas en las mejillas. Se agachó y estiró las manos para ayudar a mi papá a levantarse. Su voz sonó frágil y lastimera.—Papá, mamá, Iván… No estén tan trist
—¡Aún podemos salvarla!Las palabras del médico le devolvieron la esperanza a mi mamá. Soltó el aire que había estado conteniendo y se desplomó junto a la camilla, respirando con dificultad.—Sálvenla… ¡Por favor, sálvenla ya!Me subieron rápidamente al helicóptero y me trasladaron al hospital del centro de la ciudad.En el pasillo, fuera del quirófano, el ambiente era tan opresivo que costaba respirar. Sobre la puerta brillaba una intensa luz roja que indicaba que estaban intentando salvarme.Iván permanecía a un lado, con el rostro sombrío. El lodo de su ropa todavía no se había secado.—Mamá, solo se preocupan por ella. Brenda se llevó un susto terrible y ustedes ni siquiera le preguntan cómo está.Miró de reojo el quirófano. Seguía hablando con el mismo tono obstinado y resentido.—Les dije que no se iba a morir. ¡Está claro que estaba fingiendo! ¿Quién sigue respirando después de quedar aplastado por unas piedras tan pesadas? Seguro había encontrado un rincón donde protegerse ante
Iván corrió hacia la camilla. Me agarró de la ropa y empezó a sacudirme como un loco.—¡Gloria, levántate! ¡Abre los ojos! ¿Otra vez te estás haciendo la muerta? ¡Ya sé que te encanta fingir que eres un cadáver! ¡Tu cuerpo todavía está caliente! ¡Levántate de una vez!Detrás de él, Brenda se secó las lágrimas y lo secundó con voz llorosa.—Tiene razón. Seguro está fingiendo. Ella sabe mejor que nadie dónde esconderse. Con semejante ruido, debió de meterse debajo de la cama a tiempo. Ahora finge estar peor de lo que está para asustarnos y hacernos sentir culpables.El sonido de una bofetada hizo callar a Brenda.Mi mamá acababa de golpear a Iván. Apenas se sostenía en pie. Tenía los ojos inyectados en sangre y no apartaba la mirada de él. Señaló el botón de emergencia ensangrentado que seguía en mi mano y gritó con todas sus fuerzas:—¡Pidió ayuda! ¡Apretó el botón cinco veces y tu celular sonó! ¡Ustedes dijeron que había salido! ¡Tú dijiste que era una retorcida y estaba fingiendo! ¡Yo







