Llevaron a Andrés de urgencia al quirófano. Su madre esperaba afuera, agotada.Al recordar a su hijo cubierto de sangre, miró a Cecilia con impaciencia.—Ya está. Me pediste ayuda y te la di. ¡Y ahora Andrés está en un quirófano, luchando por su vida! No me gusta Rosalía, pero mucho menos quiero perder a mi hijo. Si ni siquiera después de esto quiere estar contigo, deja de insistir.Cecilia alzó la cabeza de golpe. Al ver la firmeza en los ojos de la madre de Andrés, solo pudo apretar los dientes y asentir.—Está bien.Pero por dentro se negaba a aceptarlo. Con el rostro bañado en lágrimas y una expresión enloquecida, temblaba y apretaba los puños hasta clavarse las uñas en las palmas."¡Todo es culpa de Rosalía! ¡Por esa perra, Andrés ni siquiera me mira! He hecho de todo y nada funciona. ¡No voy a aceptarlo! ¡Ya verás! ¡No te voy a dejar en paz!", pensó.Dos horas después, sacaron a Andrés del quirófano. Había perdido tanta sangre que estaba inconsciente y no despertó hasta el día si
Read more