LOGINCon ocho meses de embarazo, Rosalía Flores fue al centro comercial a comprar lo necesario para el parto y volvió a ser agredida por Cecilia Contreras, que la acusó de ser la amante de su esposo. Para proteger al bebé que llevaba en el vientre, no pudo defenderse. Cecilia la jaló del cabello, le dio varias bofetadas y estuvo a punto de arrancarle la ropa. Cuando ya no pudo soportarlo más, llamó a la policía. Las llevaron a la estación, donde ambas aseguraron ser la esposa de Andrés Juárez. Los agentes no tuvieron más remedio que llamarlo para comprobarlo. Al enterarse de que Andrés iría en persona, Cecilia sacó un espejo para retocarse el maquillaje y miró a Rosalía con absoluta seguridad. —¿Crees que Andrés dirá que yo soy su esposa para protegerme? Yo creo que sí.
View MoreAndrés se lanzó al agua y nadó desesperadamente hacia ella.Cecilia se sobresaltó al verlo y entró en pánico.—¿Qué haces aquí? ¡Estás loco! ¡Sal de ahí! ¡Es peligroso!Él no la escuchó. Solo veía el cuerpo de Rosalía hundiéndose.Nadó con todas sus fuerzas hasta alcanzarla. La sujetó y le mantuvo la cabeza fuera del agua. Ella apenas estaba consciente.—Aguanta un poco más. Voy a llevarte a la orilla. No te duermas.Ella lo miró, pero no pudo responder. Angustiado, Andrés comenzó a remolcarla con dificultad hacia la orilla. La herida del muslo hacía que cada movimiento le costara un esfuerzo enorme. Varias veces creyó que ya no podría seguir y que ambos acabarían hundiéndose.Desde la orilla, Cecilia los miraba con preocupación y rabia.—¿De verdad la amas tanto como para arriesgar tu vida por ella?Él no le prestó atención y logró llevar a Rosalía hasta la orilla.La herida del muslo se había abierto y le dolía intensamente, pero la ignoró. Se arrodilló y comenzó a darle primeros aux
La expresión de Andrés se tensó. Recordó cómo su madre y Cecilia se habían aliado para drogarlo y, por fin, comprendió que quizá no conocía a Cecilia tan bien como creía.Después de un momento, habló con dificultad.—Lo sabía, pero pensé que solo era una admiración pasajera, un capricho de muchacha. Puedes estar tranquila. Sé que no la soportas y ya dejé las cosas claras con ella. No volveré a tratar con Cecilia. También advertí a mi madre. Si no quieres ver a mi familia, nunca más tendrás que ir a su casa ni soportar sus desplantes. Cuando volvamos a casarnos, seremos tan felices como antes.La miró lleno de esperanza, pero Rosalía solo negó con amargura.—Nunca podremos volver a lo que éramos.Antes se aferraba a los recuerdos de aquellos días. Le explicaba todo desesperadamente, gritaba hasta quedarse sin voz y discutía, intentando que él viera a Cecilia tal como era.Pero ahora ya no le importaba si le creía. Tampoco le importaba lo que él pensara.Bajó la mirada y le habló directa
Rosalía se acercó y lo miró con el ceño fruncido.—¿Qué haces aquí?Él la observó con intensidad.—Vine a llevarte a casa.La madre de Rosalía la tomó del brazo y la puso detrás de ella para protegerla. Tenía el cabello entrecano y los ojos algo enrojecidos.—No sabemos qué pasó entre tú y Rosalía, pero sí sé que ella sufrió. Ya nos dijo que se divorciaron. No se irá contigo y no queremos tus regalos. Vete.Los vecinos comenzaron a murmurar, sorprendidos.—¿Se divorciaron?—¿Después de tan pocos años de matrimonio?—Con los ricos siempre pasa lo mismo. ¿Será que le fue infiel?—Ya decía yo que no es fácil casarse con alguien de una familia rica. Miren a Rosalía: desde que volvió, se la pasa encerrada y triste.Andrés sintió una punzada en el pecho y se apresuró a explicar:—No le fui infiel. La única mujer que amo es Rosalía.Al ver la vergüenza en el rostro de sus padres, Rosalía le habló con resignación:—Entra. Hablemos adentro.Los vecinos se dispersaron y Andrés entró de inmediato
Llevaron a Andrés de urgencia al quirófano. Su madre esperaba afuera, agotada.Al recordar a su hijo cubierto de sangre, miró a Cecilia con impaciencia.—Ya está. Me pediste ayuda y te la di. ¡Y ahora Andrés está en un quirófano, luchando por su vida! No me gusta Rosalía, pero mucho menos quiero perder a mi hijo. Si ni siquiera después de esto quiere estar contigo, deja de insistir.Cecilia alzó la cabeza de golpe. Al ver la firmeza en los ojos de la madre de Andrés, solo pudo apretar los dientes y asentir.—Está bien.Pero por dentro se negaba a aceptarlo. Con el rostro bañado en lágrimas y una expresión enloquecida, temblaba y apretaba los puños hasta clavarse las uñas en las palmas."¡Todo es culpa de Rosalía! ¡Por esa perra, Andrés ni siquiera me mira! He hecho de todo y nada funciona. ¡No voy a aceptarlo! ¡Ya verás! ¡No te voy a dejar en paz!", pensó.Dos horas después, sacaron a Andrés del quirófano. Había perdido tanta sangre que estaba inconsciente y no despertó hasta el día si






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