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Capítulo 17

Author: Patricia Muñoz
Andrés se lanzó al agua y nadó desesperadamente hacia ella.

Cecilia se sobresaltó al verlo y entró en pánico.

—¿Qué haces aquí? ¡Estás loco! ¡Sal de ahí! ¡Es peligroso!

Él no la escuchó. Solo veía el cuerpo de Rosalía hundiéndose.

Nadó con todas sus fuerzas hasta alcanzarla. La sujetó y le mantuvo la cabeza fuera del agua. Ella apenas estaba consciente.

—Aguanta un poco más. Voy a llevarte a la orilla. No te duermas.

Ella lo miró, pero no pudo responder. Angustiado, Andrés comenzó a remolcarla c
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  • Ahora Lloras, Pero Yo Ya No Te Amo   Capítulo 17

    Andrés se lanzó al agua y nadó desesperadamente hacia ella.Cecilia se sobresaltó al verlo y entró en pánico.—¿Qué haces aquí? ¡Estás loco! ¡Sal de ahí! ¡Es peligroso!Él no la escuchó. Solo veía el cuerpo de Rosalía hundiéndose.Nadó con todas sus fuerzas hasta alcanzarla. La sujetó y le mantuvo la cabeza fuera del agua. Ella apenas estaba consciente.—Aguanta un poco más. Voy a llevarte a la orilla. No te duermas.Ella lo miró, pero no pudo responder. Angustiado, Andrés comenzó a remolcarla con dificultad hacia la orilla. La herida del muslo hacía que cada movimiento le costara un esfuerzo enorme. Varias veces creyó que ya no podría seguir y que ambos acabarían hundiéndose.Desde la orilla, Cecilia los miraba con preocupación y rabia.—¿De verdad la amas tanto como para arriesgar tu vida por ella?Él no le prestó atención y logró llevar a Rosalía hasta la orilla.La herida del muslo se había abierto y le dolía intensamente, pero la ignoró. Se arrodilló y comenzó a darle primeros aux

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    La expresión de Andrés se tensó. Recordó cómo su madre y Cecilia se habían aliado para drogarlo y, por fin, comprendió que quizá no conocía a Cecilia tan bien como creía.Después de un momento, habló con dificultad.—Lo sabía, pero pensé que solo era una admiración pasajera, un capricho de muchacha. Puedes estar tranquila. Sé que no la soportas y ya dejé las cosas claras con ella. No volveré a tratar con Cecilia. También advertí a mi madre. Si no quieres ver a mi familia, nunca más tendrás que ir a su casa ni soportar sus desplantes. Cuando volvamos a casarnos, seremos tan felices como antes.La miró lleno de esperanza, pero Rosalía solo negó con amargura.—Nunca podremos volver a lo que éramos.Antes se aferraba a los recuerdos de aquellos días. Le explicaba todo desesperadamente, gritaba hasta quedarse sin voz y discutía, intentando que él viera a Cecilia tal como era.Pero ahora ya no le importaba si le creía. Tampoco le importaba lo que él pensara.Bajó la mirada y le habló directa

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    Rosalía se acercó y lo miró con el ceño fruncido.—¿Qué haces aquí?Él la observó con intensidad.—Vine a llevarte a casa.La madre de Rosalía la tomó del brazo y la puso detrás de ella para protegerla. Tenía el cabello entrecano y los ojos algo enrojecidos.—No sabemos qué pasó entre tú y Rosalía, pero sí sé que ella sufrió. Ya nos dijo que se divorciaron. No se irá contigo y no queremos tus regalos. Vete.Los vecinos comenzaron a murmurar, sorprendidos.—¿Se divorciaron?—¿Después de tan pocos años de matrimonio?—Con los ricos siempre pasa lo mismo. ¿Será que le fue infiel?—Ya decía yo que no es fácil casarse con alguien de una familia rica. Miren a Rosalía: desde que volvió, se la pasa encerrada y triste.Andrés sintió una punzada en el pecho y se apresuró a explicar:—No le fui infiel. La única mujer que amo es Rosalía.Al ver la vergüenza en el rostro de sus padres, Rosalía le habló con resignación:—Entra. Hablemos adentro.Los vecinos se dispersaron y Andrés entró de inmediato

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    Llevaron a Andrés de urgencia al quirófano. Su madre esperaba afuera, agotada.Al recordar a su hijo cubierto de sangre, miró a Cecilia con impaciencia.—Ya está. Me pediste ayuda y te la di. ¡Y ahora Andrés está en un quirófano, luchando por su vida! No me gusta Rosalía, pero mucho menos quiero perder a mi hijo. Si ni siquiera después de esto quiere estar contigo, deja de insistir.Cecilia alzó la cabeza de golpe. Al ver la firmeza en los ojos de la madre de Andrés, solo pudo apretar los dientes y asentir.—Está bien.Pero por dentro se negaba a aceptarlo. Con el rostro bañado en lágrimas y una expresión enloquecida, temblaba y apretaba los puños hasta clavarse las uñas en las palmas."¡Todo es culpa de Rosalía! ¡Por esa perra, Andrés ni siquiera me mira! He hecho de todo y nada funciona. ¡No voy a aceptarlo! ¡Ya verás! ¡No te voy a dejar en paz!", pensó.Dos horas después, sacaron a Andrés del quirófano. Había perdido tanta sangre que estaba inconsciente y no despertó hasta el día si

  • Ahora Lloras, Pero Yo Ya No Te Amo   Capítulo 13

    La sensación era extraña y, a la vez, familiar. Lo invadió con una intensidad brutal.Andrés se volvió de golpe hacia su madre. Su mirada cayó sobre el vaso que ella le había dado.—¿Qué hiciste?Ella soltó una risa fría.—¡Todo lo hago por tu bien! Por una mujer, ya ni siquiera me escuchas a mí. ¡Si sigues así, acabarás olvidándote de nosotros!Luego les ordenó a los guardaespaldas:—Llévenlo a su habitación.Andrés había ido a la casa familiar sin sus propios guardaespaldas. Los hombres de la residencia lo sujetaron uno de cada lado y lo arrastraron escaleras arriba.Él no intentó resistirse. Se limitó a mirar a su madre con frialdad.Aquella mirada la hirió. Apartó los ojos, pero enderezó la espalda y replicó con obstinación:—Una vez que pase, tendrás que aceptarlo, quieras o no.La mirada de Andrés se volvió burlona.Lo empujaron dentro de la habitación y cerraron con llave desde afuera. Como esperaba, Cecilia estaba sentada sobre la cama. Solo llevaba un camisón provocativo y lo

  • Ahora Lloras, Pero Yo Ya No Te Amo   Capítulo 12

    Andrés permaneció largo rato en la entrada, mirando la sala oscura y vacía, antes de avanzar con pasos rígidos.A simple vista, la casa no había cambiado demasiado. Sin embargo, ya no estaba la manta amarilla que Rosalía siempre ponía sobre el sofá. Tampoco estaban las plantas suculentas de la ventana, aquellas con las que ella se había tomado fotos sosteniendo las macetas entre las manos.La ropa costosa, los bolsos y las joyas que él había elegido para ella seguían allí. En cambio, los pocos conjuntos que ella misma había comprado habían desaparecido.Todas las fotografías de ambos que antes adornaban la enorme casa se habían ido con ella. Donde antes colgaban las fotos del día en que se casaron por lo civil solo quedaban las marcas de los clavos.Se había marchado sin vacilar y no se había llevado nada de lo que él le había dado.Sin fuerzas, Andrés se dejó caer en el sofá. Miró la casa vacía y se preguntó en silencio: "¿Por qué ya no quiere estar conmigo? ¿Cómo pudo marcharse así,

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