—¿De verdad?Mi mamá me miró con desconfianza. Durante aquellos años, yo apenas soportaba estar lejos de Álex. Antes de la boda, él había tenido que pasar una semana entera a mi lado para tranquilizarme y lograr que aceptara su supuesto viaje al extranjero.Sonreí con amargura.—Si ya no me quiere, ¿para qué seguir aferrándome a él?Su expresión se relajó. Me abrazó y rompió a llorar desconsoladamente. No sé cuánto tiempo pasó antes de que se atreviera a hablar, titubeando.—Entonces, ¿puedes quedarte sola? Fui yo quien le presentó a Alicia. Álex me pidió que fuera testigo de la boda.Asentí, todavía aturdida. Podía entenderla: todos nuestros parientes de la familia Soto trabajaban en el Grupo Duarte. Tal vez, para ella, Álex era más importante que su propia hija.Mi mamá se fue aliviada. Pero tantos años de amor me llevaron a seguirla hasta la boda, casi sin darme cuenta.Los lisianthus blancos, los globos azules… Todo era exactamente como Álex y yo lo habíamos planeado.—¿Margarita?
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