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Capítulo 3

Author: Frida Cervantes
El portazo se llevó lo último que quedaba de mi amor por Álex. Ni siquiera tuve tiempo de asimilarlo: al día siguiente de la boda, volvió con Alicia para exigirme explicaciones.

—Te dije que mi matrimonio con Alicia es solo para guardar las apariencias. ¿No te bastó con presentarte en mi boda? ¿También tienes que arruinarla a ella?

No entendía nada. Leticia, que había acudido al enterarse, arrojó su celular delante de mí.

—¡Mira lo que hiciste! ¿Quién es la amante? ¡Tú, que sigues detrás de Álex sin estar casada con él!

Solo entonces descubrí que alguien había publicado un video de mi aparición en la boda el día anterior. También habían sacado a la luz la historia de Álex y la mía. En las redes no se hablaba de otra cosa: Alicia era "la otra".

—Yo no…

Intenté defenderme, pero Alicia, bañada en lágrimas, no me dejó terminar.

—No culpen a Margarita. Ella tiene esos problemas mentales. Me da miedo que vuelva a…

Sus palabras parecían una defensa, pero escondían una acusación. Álex la miró con ternura, conmovido. Leticia, en cambio, se enfureció aún más y me dio una bofetada que resonó en la habitación.

—Mira cómo es Alicia y mírate tú. ¡Yo también la elegiría a ella!

Me sujetó del cuello y me obligó a ver, una por una, las publicaciones en las que aparecían Álex y Alicia.

—¿Crees que tienes derecho a todo porque llevas años con Álex? ¡Mira bien! ¡Él y Alicia son la verdadera pareja!

Llevaban dos años juntos.

El día en que había sufrido mi peor crisis depresiva, no había logrado comunicarme con Álex ni con Leticia. Ahora sabía que habían estado celebrando el cumpleaños de Alicia.

Habían esquiado, tomado el sol y montado a caballo por las pampas. Era todo lo que Álex había prometido hacer conmigo cuando me recuperara. Ahora ya no tendríamos esa oportunidad.

—Por no hacerte daño, tienen que fingir que se van de viaje de trabajo cada vez que quieren estar juntos. ¡Hasta me llevan a mí para disimular! ¿No tienes corazón?

Álex apartó la mirada, culpable. Alicia me miró con satisfacción. Yo miraba a Leticia, incapaz de creer lo que estaba oyendo.

Cuando terminó sus estudios, su propio padre había estado a punto de venderla como esposa a un hombre de un pueblo aislado en las montañas. Yo había llamado a la policía para rescatarla y le había conseguido trabajo en la empresa de Álex.

Me había prometido que siempre estaría de mi lado. Pero su forma de demostrarlo había sido ponerse de acuerdo con mi novio para engañarme.

Hasta mi mamá, que llegó a toda prisa, se dejó caer al suelo y empezó a llorar y a pedirles perdón a Álex y Alicia.

—Perdónenme. No sé cómo pude criar a una hija capaz de…

Álex, que antes siempre me defendía frente a los demás, guardó silencio. Me miraba decepcionado.

—Ya publicamos una aclaración, pero necesitamos que vayas a una conferencia de prensa. Mi familia no puede permitir un escándalo así.

Eché un vistazo al celular. La pantalla estaba inundada de supuestas aclaraciones.

"Soy la mejor amiga de Margarita. No deja en paz a Álex porque cree que los Duarte están en deuda con ella. No escucha a nadie. Pido disculpas en su nombre".

"Soy la mamá de Margarita. Hace unos años sufrió una desgracia y desde entonces no está en sus cabales. Pido disculpas por ella".

Cada publicación era una nueva cuchillada. Me doblé, empapada en sudor frío por un dolor insoportable.

—Llamen a un médico.

Álex hizo ademán de sostenerme, pero Leticia se interpuso.

—¿Todavía sigues fingiendo?

—No estoy… Me duele…

—¡Basta!

Mi mamá, lívida de rabia, empujó a todos hacia la salida.

—La hemos consentido demasiado estos años, por eso cree que puede hacer lo que quiera. ¡Ya ni siquiera sabe fingir los síntomas de la depresión! ¡Vámonos! A ver cuánto le dura el teatro.

Pero ese dolor, mamá, no lo causaba la depresión. Era el cáncer terminal.

El dolor me nubló la vista. Solo alcancé a distinguir unas siluetas que se alejaban. Después, todo quedó a oscuras.

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