—Acepto —dijo Damian, dedicándome una sonrisa ladeada digna de una valla publicitaria, deslizando el anillo sobre mi nudillo sin la menor vacilación.A nuestro lado, bajo el arco de orquídeas blancas, el sacerdote se volvió hacia la otra pareja.—¿Y aceptas tú, Alexander Sterling, a Celine Kaufman como tu legítima esposa?—Acepto.El barítono de Alexander cortó la catedral como hielo seco. Ni una sonrisa. Ni una vacilación. Solo la fría y mecánica precisión de un director ejecutivo firmando la adquisición de un activo de ocho cifras. Su esmoquin color carbón, hecho a medida, le ceñía los anchos hombros sin una sola arruga, y sus ojos gris oscuro no se desviaron ni una vez hacia el rostro de mi hermana. Consultó su reloj de platino justo cuando el órgano estalló en música.—Sonríe, Naomi —siseó Celine por la comisura de la boca, con el velo ondeando mientras nos girábamos hacia el mar de cámaras—. La prensa está mirando. Pon cara de que de verdad quieres este rescate de cincuenta millo
Last Updated : 2026-10-15 Read more