Cuando llegamos a la mansión, Nicolás estaba al otro lado de la verja. Lo vi a través del parabrisas, sin abrigo y con el teléfono apoyado en la oreja. Había empezado a lloviznar de nuevo. Irene pidió al conductor que esperara mientras yo abría la aplicación por tercera vez, como si la repetición pudiera devolverme un permiso que alguien había retirado deliberadamente. Antes de que alcanzara a guardar el móvil, el portón se movió y Nicolás se apartó para dejarnos pasar.Nos recibió junto a la entrada lateral. Le entregué el abrigo, todavía doblado sobre mi bolso, y quise explicarle que Clara lo había utilizado, pero se limitó a preguntar si estaba bien. Asentí. Irene se presentó y le pidió que precisara quién había autorizado nuestra entrada. Él señaló hacia la puerta, donde Robles sostenía una tableta contra el pecho. La facilidad con la que se abrió la verja me hizo sentir más inquieta que si hubiéramos tenido que discutir: alguien había decidido que pudiéramos entrar y, por tanto,
Last Updated : 2026-10-22 Read more