En el centro de investigación de West City había más trabajo del que había imaginado. Durante mi primera semana, acompañé al profesor Luther a la base de pruebas del desierto. De día hacía un calor insoportable y, de noche, el frío era terrible. El viento no dejaba de levantar arena.Mason Reid, un compañero del proyecto con más experiencia que yo, me pasó una bufanda.—¿Te arrepientes de haber venido? —me preguntó mientras me la entregaba.—No —respondí mientras negaba con la cabeza.—¿Extrañas tu casa? —quiso saber.Me quedé pensándolo unos segundos.—Extraño a mis padres —admití.—¿A alguien más? —preguntó Mason.—A nadie más —respondí.Mason no hizo más preguntas.En el tercer mes del proyecto, el modelo que había desarrollado funcionó al primer intento. A las tres de la mañana, todo el equipo celebró mi logro. El profesor Luther sacó de la arena una lata de refresco que había quedado medio enterrada.—Con lo poco que tenemos, esto será nuestra champaña —anunció mientras
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